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Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

La mampara de la sensibilidad

ESTOS días tengo a mis hijos y a mi santo indignados por lo que está pasando en Barcelona, y no precisamente porque el equipo de la ciudad haya ganado la liga (con eso están resignados). Cuatro niñas agredidas sexualmente por su profesor de karate en Barcelona están teniendo que declarar en la Audiencia de Barcelona delante de su presunto agresor.
El señor juez de la Audiencia no ha hecho caso de la petición de proteger a las cuatro pequeñas víctimas con una mampara, una simple mampara, o permitiendo que declararan en una sala anexa, para que no tuvieran que volver a ver al pederasta, y así se ha desarrollado el juicio, con la «indispensable confrontación visual» que dice este señor juez.
¿Somos capaces por un momento de ponernos en la piel de sus padres? ¿Nos podemos imaginar la situación de estas niñas de entre 9 y 11 años? Claro, una de las pequeñas no ha acudido a declarar ante el señor juez por problemas psicológicos. No quiero ni imaginarme el calvario por el que estarán pasando. El calvario de tantas niñas y tantas mujeres en tantas partes del mundo, víctimas de agresiones y de explotación sexual.
El presidente de la Audiencia respalda al señor juez, faltaría más. ¿No hay alguien en la Audiencia de Barcelona que salga a proteger a estas niñas y que tenga algo de sentido común? Alguien con algo de humanidad, que denuncie la desprotección absoluta en que estas pobres niñas están, con todo el respeto para el señor juez y para todos los señores jueces. Nadie ha dicho nada.
Un reciente estudio señalaba las enormes carencias del sistema judicial en cuanto a la protección de los menores víctimas de abuso sexual. La sociedad y sus instituciones tienen la obligación de evitar todo lo que se pueda el sufrimiento que un juicio, por su mismo carácter, supone para los menores. Hablamos mucho de proteger a la infancia, pero luego no les arropamos con la mampara de la comprensión, del cariño y de la sensibilidad.

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Por Mayte CIRIZA

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