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Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

Una epidemia del siglo XXI

Los hijos de este comienzo de siglo han cambiado los juegos en el parque por los videojuegos, y los bocatas hechos en casa por chuches y bollos. Si a esto añadimos unas cuantas horas diarias de tele, largas sesiones de ordenador, desayunos rápidos y escasos, comidas frente a la tele y, como único ejercicio, unos ligeros toques de dedo en partidas interminables de playstation, tenemos todos los ingredientes para la obesidad infantil.

España está ahora mismo en el pelotón de cabeza en Europa en la obesidad de niños y adolescentes, y no sólo en ellos, porque en veinte años hemos duplicado la tasa de obesidad de la población en general y cada vez es mayor el gasto sanitario para tratarla. A pesar de la particular cruzada de la ministra de Sanidad contra las hamburguesas -como si eso lo solucionara todo-, los padres siguen llevando a sus hijos a los locales de comida rápida (mi santo huye de ellos como de la peste), aun sabiendo que no es la comida más saludable.

Vivimos en una sociedad de contrastes: por un lado, la anorexia ocasiona enormes dramas personales y familiares, y por otro los especialistas y los departamentos sanitarios alertan sobre la obesidad infantil, porque, además, los afectados tienen un riesgo mayor de contraer enfermedades. Y hablando de contrastes, todo esto pasa en el país de la dieta mediterránea, cuando más concienciados estamos de las ventajas de comer sano y asistimos a una auténtica revolución gastronómica.

Además de prevención, una dieta más saludable, con menos grasas, y ejercicio regular, lo que hay que hacer es cambiar las costumbres familiares, no dejar que nuestros hijos coman tan mal, teniendo como tenemos alimentos tan saludables y, siempre que se pueda, comer en familia. Y que nuestros hijos duerman más, porque otro factor importante que incide en la obesidad es que los chavales duermen menos de lo que debieran por la noche.

Este pasado fin de semana leía que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha puesto en marcha un programa piloto para luchar contra el sobrepeso en adolescentes (www.estudioevasyon.com) que se basa en la dieta, el ejercicio y en organizarles un poco mejor la vida a los jóvenes a los que se va a aplicar. Los investigadores alertan sobre esta ‘Epidemia del siglo XXI’ y señalan que, si los padres no se implican, el proyecto no servirá para nada, claro.

Es una buena iniciativa, que tiene que servir para llamar la atención sobre este problema. Pero lo más importante es el afecto, la dedicación y la estabilidad que los niños y jóvenes tienen cada día. Tumbados en el sofá delante de la tele o enganchados a los juegos de ordenador, comiendo sólo lo que les apetece, no tienen la atención debida y no hablamos con ellos lo suficiente.

Porque esta falta de dedicación a los hijos es otra de las epidemias del siglo XXI de la que todavía no nos hemos dado cuenta.

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Por Mayte CIRIZA

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