
No se libra nadie. Según las estadísticas, tocamos a dos situaciones traumáticas importantes de media a lo largo de la vida, dos desgracias en condiciones, de las que te ponen a prueba, de las que amenazan tu salud física o emocional, de las que te sacuden estopa de verdad. Son situaciones vitales o personales que exigen dar lo mejor de uno mismo, tener una gran capacidad de adaptación y unas ganas enormes de afrontar la situación, de ser flexibles, de no tirar la toalla, de luchar y de salir adelante.
Cada uno de nosotros tiene una fuerza interior, una poderosa capacidad para superar las adversidades. Las cosas por sí mismas muchas veces no van bien, somos nosotros los que tenemos que esforzarnos para que vayan bien, hay que creer en uno mismo y tener capacidad de resistencia. Esta fuerza interior, esta capacidad de resistir se llama “resiliencia”, una palabra que se ha tomado prestada de la física y que se refiere a la capacidad de un objeto para encajar un golpe sin romperse. Lo normal es que tengamos que sufrir más de un impacto, pero de nosotros depende superarlo, sacar lo positivo e incluso salir fortalecidos.
Ya Darwin escribió en 1859, en “El origen de las especies”: “no son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios”.
Precisamente sobre esto Rojas Marcos acaba de publicar “Superar la adversidad. El poder de la resiliencia”, en el que trata sobre la capacidad única de los seres humanos para superar la situaciones adversas: “es la suma de flexibilidad, resistencia, adaptación y recuperación que las personas tenemos para combatir la adversidad”. ¿Por qué unas personas tienen más capacidad de resistencia ante las adversidades que otras? Salen adelante mejor los que tienen un entorno afectivo, familia o amigos (en estos tiempos de crisis la familia es fundamental, no sólo personalmente sino económicamente); los que tienen mayor autocontrol, los que tienen metas en la vida, los que tienen una buena autoestima, son capaces de pensar en positivo y tienen ganas de vivir. El entusiasmo es fundamental.
No creo que el Dúo Dinámico conociera la teoría de la resiliencia, pero un buen resumen podría ser la letra de “Resistiré” , aquella famosa canción de los años ochenta: “resistiré para seguir viviendo, soportaré los golpes y jamás me rendiré, y aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré, resistiré”.
