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Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

Bulos

Resulta que no era un independentista catalán el que aparecía sangrando –supuestamente por un golpe de la policía nacional- en la foto el día 1 de octubre de este año, ni era en Barcelona, sino un minero en una manifestación  en Madrid en 2012. Resulta que la brecha del niño en la cabeza no era de ese mismo día ni debida a la guardia civil, sino de cinco años antes y producida precisamente por los Mossos. El 1 de octubre, en el frustrado referéndum secesionista, estas fotos trucadas y otras “noticias falsas” (como lo de los 1.000 heridos) corrieron como la pólvora por todos los medios de comunicación, colocadas por los aparatos de propaganda independentista. Hasta entonces no habíamos sufrido en nuestro país una campaña tan cruda e intensa de lo que se llama “fake news”, es decir, “noticias falsas”.

El resultado del referéndum del Brexit se debió, como se ha sabido después, a una hábil difusión de noticias falsas. En Estados Unidos, empezaron con que si Obama no era estadounidense, que si había nacido en Kenia, hasta el punto de que tuvo que enseñar su partida de nacimiento, y siguieron con que si Hilary había tenido una aventura con Yoko Ono, o que pertenecía a una red de pedofilia. Mucha gente se llegó a creer la noticia de que el Papa Francisco apoyaba a Trump. Y así, bulo tras bulo, Trump ha llegado a ser presidente. Como se ha demostrado ya a estas alturas, los rusos son los campeones de las trolas, inundan con noticias falsas para desestabilizar las democracias occidentales, también en España (como se ha visto en Cataluña).

Cada año, los editores del Diccionario Oxford seleccionan la palabra del año. Este la elegida ha sido precisamente “fake news”. El año pasado la palabra fue “post-truth”, que en español hemos traducido como “posverdad”, definida en el Diccionario de Oxford como “la actitud de resistencia emocional ante hechos y pruebas objetivas”, en fin, es creerse lo que uno quiere al margen de la realidad, y es que cada uno se engaña como le da la gana. Me llama la atención que durante dos años seguidos la mentira está en el alma de la palabra inglesa del año.

Ante la sobreinformación bajo la que vivimos, la gente no piensa cuando lee. Hay también una relación directa entre las noticias falsas y el uso de las redes sociales, en las que no hay un filtro fiable en la selección de la información, no se comprueba la verosimilitud de lo que se cuenta. Para evitar la propagación de las noticias falsas necesitamos medios serios de comunicación. La mejor manera de evitar que nos engañen es más periodismo.

La FUNDEU se encarga de elegir la palabra del año en español: el año pasado fue “populismo” (por cierto, “posverdad” fue finalista), los anteriores, “refugiado” y “selfie”. Siendo la FUNDEU, que vela por el buen uso de la lengua española –entre otras cuestiones, frente al tsunami del inglés-, al menos cabe esperar que no elija una expresión en inglés, como “fake news”. Yo voto por “noticias falsas” o “bulos”.

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Por Mayte CIRIZA

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