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Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

Tener criterio

Se podía leer hace unos meses que la Guía Michelín adjudicó por error una estrella a un pequeño restaurante francés de esos de menú del día a los que ibas sin tener que reservar siquiera mesa. De repente, una nueva clientela mucho más sofisticada que la habitual comenzó a desfilar por las mesas del establecimiento y a ponderar con entusiasmo la calidad de esa nueva estrella. Hasta que la Guía hizo público el error, se anularon las reservas y las cosas volvieron a la modesta rutina de siempre.

Este caso es un buen ejemplo de la falta de criterio que tantas veces sufrimos en la vida, haciendo nuestra la opinión de los demás. Calificamos como excelente una comida que nos ha parecido corrientita por el hecho de que el restaurante está de moda, o nos resignamos a decir que nos ha gustado esa película por el hecho de que el crítico de turno la ha alabado, cuando en realidad nos ha parecido un tostón.

Y no digamos nada si esto sucede en cuestiones de actualidad política. Ahí impera lo políticamente correcto, marcado por los clichés impuestos generalmente por los progres, que siempre se creen los más guays y en posesión de la verdad revelada. Esta opinión políticamente correcta lleva al pensamiento único. Al respecto, aún recuerdo una viñeta del inolvidable Forges, en la que un cirujano le dice a su paciente, que en lugar de cerebro tiene un agujero en la cabeza: “Aún tiene ínfimas partículas de ideas propias, caballero; pero el implante de pensamiento único ha sido un éxito”.

Un ejemplo de tener criterio y de no seguir la corriente de lo políticamente correcto, lo tuvimos hace unas semanas. El presidente de Francia, Macron, en el 78º aniversario del inicio de la Resistencia francesa frente a la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial, saludaba al público cuando un joven se le acercó y le soltó de forma insolente un “¿Qué pasa, Manu?”. Lo políticamente correcto en nuestro país, para parecer colega y un tipo enrollado, hubiese sido seguirle el tono, pero Macron, que no tiene complejos, le regañó contestándole: “A mí me llamas señor presidente de la República o señor”, y siguió: “estás en una ceremonia oficial, así que te comportas como debe ser. Puedes hacer el imbécil, pero hoy hay que cantar La Marsellesa”. El chaval le contestó, de forma más respetuosa: “Sí, señor presidente”. Aquí Macron habría sido acusado de facha, que es el calificativo con el que se ventila lo que no es políticamente correcto.

¿Qué hacer para evitar caer en la tiranía progre del pensamiento único? Se trata de estar bien informados, de no escuchar ni leer siempre el mismo medio, de no tener miedo a expresar las propias ideas, de desarrollar la capacidad de pensar por nosotros mismos, de ser coherentes, de no dejarse llevar por los que más gritan o por la corriente mayoritaria por el hecho de serlo; en definitiva, se trata de tener criterio propio.file_20180619091516

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Por Mayte CIRIZA

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