>

Blogs

Mayte Ciriza

Que quede entre nosotros

Excusas

“El césped estaba seco y un poco alto y no nos ha dejado hacer nuestro juego” o “el campo era un patatal, estaba muy irregular, así no hay quien juegue”. Lejos de entonar el mea culpa y reconocer el mal partido que ha jugado su equipo, es más fácil para el entrenador o para los jugadores echar balones fuera, nunca mejor dicho, con frases como esas. O “no suelo hablar de los árbitros, pero su actuación ha sido una vergüenza y ha influido en el resultado final”.
No solo en el fútbol o en el deporte en general. También se echan balones fuera en la política, como hemos podido comprobar en las pasadas elecciones: “la culpa ha sido de las encuestas, nuestro electorado se fio y no fue a votar” o “ha funcionado el voto del miedo”. No hace falta que haya elecciones; cuando a un cargo público le sacan unas declaraciones desafortunadas, siempre queda eso de “esas palabras están sacadas de contexto”. O cuando dicen algo contrario a lo que defendían en el pasado, “hay que entender que eran otras circunstancias”.
Por no hablar de los pretextos que utilizamos en el día a día. Nos decimos “en cuanto llegue a casa me cambio y voy al gimnasio una hora”, pero luego llegamos a casa y estamos tan cansados que nuestro cerebro acaba pensando “hoy ha sido un día agotador, mejor descanso un poco en el sofá y ya mañana, si eso, voy a hacer deporte”.
Siempre hay una buena excusa para escaquearnos, para no asumir responsabilidades, para librarnos de lo que no nos apetece, no nos interesa o nos aburre. “No pude asistir, tenía un compromiso previo”, “no me sonó el despertador”, “había un tráfico horrible” o “perdí el bus” son clásicos para excusarnos por no ir a una cita o llegar tarde a una reunión. Y cuando no tenemos el informe a tiempo, “un virus me borró el disco duro del ordenador”.
Hay dos tipos de excusas: las que les contamos a los demás y las que nos contamos a nosotros mismos, y lo malo es que a veces nos las creemos, nos engañamos a nosotros mismos. Lo hacemos por pereza, para no salir de la zona de confort, para justificar un error, para retrasar una situación que genera estrés, para huir de la responsabilidad. El “yo no he sido” de los niños, pero más elaborado.
Es más fácil poner una excusa que enfrentarnos a la realidad, reconocer que no hemos hecho bien las cosas y decir la verdad. Lo que hay que hacer es actuar, resolver los problemas y asumir la situación. En la vida hacen falta disciplina, coraje, valentía, perseverancia, honestidad y autenticidad frente a las excusas. Quien de verdad quiere hacer algo encontrará la manera para hacerlo; quien no, siempre tendrá una buena excusa.

Temas

Por Mayte CIRIZA

Sobre el autor


julio 2016
MTWTFSS
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031