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Entre visillos

Al final de la escapada

 

          Parecía que no iba a ocurrir jamás pero sucedió, por eso estos días recordamos que Joe Frazier tumbó a Muhammad Ali (Cassius Clay), un 8 de marzo de 1971, ante la expectación mundial. Si lo comparamos con los combates que libra Berlusconi diremos que éstos nunca fueron a pecho descubierto ni tuvieron tintes heroicos ya que él siempre se movió entre penumbras, es decir, en las tinieblas entre las que se fraguan las intrigas y los negocios fraudulentos. El estilo político de Berlusconi ha estado siempre alimentado de sobornos, chabacanería y, sobre todo, de una evidente confusión entre negocios e interés nacional que siempre emanaron un cierto olor a podrido. No obstante il Cavaliere parecía imbatible y por supuesto inasequible al desaliento, ya que hiciera lo que hiciera, conseguía finalmente el favor del pueblo italiano. Aficionado a las juergas sin límite y forofo del botox y el injerto capilar, ha sido el presidente italiano más duradero de la historia. Pero como no hay mal que cien años dure, la crisis de la deuda lo ha puesto contra las cuerdas y ocho diputados “traidores”, que antes comían de sus manos, han acabado de dejarlo KO sobre el cuadrilátero en el que se ha convertido el parlamento italiano.


           Está claro que il Cavaliere no va a salir por la puerta grande, sobre todo porque no hay peor error en política que prolongar las agonías. Sólo el hecho de anunciar que está en trance de dimitir al tiempo que intenta dilatar su efectividad a la adopción de las medidas que le exige Europa, no es sino una treta para mantener su, hasta ahora, omnímodo poder. Quizás a Berlusconi sería bueno brindarle el consejo del refrán español que advierte que siempre es mejor irse antes de que te echen. Pero él no piensa lo mismo. Su primera reacción, cuando se aventuraba que había perdido la mayoría parlamentaria, no fue reunir a sus ministros en un gabinete de crisis, sino a su familia para estudiar lo que interesaba, no al país, sino a sus negocios. No es nuevo, siempre ha sido así, pero ahora los ánimos están demasiado exaltados como para aguantar impertinencias de un primer ministro acorralado y sin ninguna idea bajo el tupé que le han implantado en una clínica estética de lujo.
           Hemos comprobado empíricamente que el rumor de su posible dimisión disparó al alza la bolsa de Milán y que posteriormente, al no producirse, el diferencial de la deuda ha puesto a Italia al borde de la intervención, lo que significa que a este hombre no sólo sus socios sino hasta los mercados le han señalado el camino. Hace unos días se criticaba a Yorgos Papandreu por su órdago contra la Unión Europea, pero su movimiento fue realizado en clave de política interna y su táctica ha dado el resultado que él, en solitario, no hubiera conseguido. Era evidente que para que se formara un gobierno de concentración o de salvación nacional, el primero que debía retirarse era el propio Papandreu y así lo ha hecho. Yo no dudo de que así lo tenía pensado de antemano, ya que si en tan corto espacio de tiempo ha sido posible un acuerdo de los partidos mayoritarios en Grecia es porque se ha puesto de manifiesto que si Papandreu, como sostiene la mayoría, no ha estado a la altura de las circunstancias, el resto de políticos griegos tampoco. Sólo así se explica que hayan aceptado ahora las medidas que no quisieron apoyar cuando las proponía Papandreu. Lo mismo ocurrió en Portugal donde Pedro Passos Coelho ha tenido que dar por bueno lo que tan mal le parecía antes de ganar las elecciones a José Sócrates y seguramente lo mismo ocurrirá en España. Concluyendo, Berlusconi ha puesto a Italia en una encrucijada, mientras sus actividades no perjudicaban al resto de países todo le ha sido consentido, pero ahora ya nadie le ríe las gracias. Berlusconi se encuentra al final de la escapada mientras un vendaval de pesimismo recorre la vieja Europa.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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