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María Antonia San Felipe

Entre visillos

¡Con dos cojones!

Las sonrisas se congelan ante las primeras noticias del año nuevo, junto a ellas la grandilocuencia de exaltados discursos y la premonición de sus consecuencias perturban el ánimo. ¿De qué hablo? Pues de lo que pasa y de lo que algunos dicen que no pasa. Leo los titulares de estos días  navideños: “Asesinada una mujer de 26 años en Cantabria a manos de su pareja” (La Rioja), “Una estudiante estadounidense, violada y apaleada junto al intercambiador de Aluche” (Abc), “Detenidos los presuntos autores de la agresión sexual a una menor en Nochevieja en Burriana” (El Mundo), “El año 2019 comienza con seis casos de violencia de género en Euskadi” (Diario Vasco), “Una mujer, apaleada y retenida 12 horas por su marido en Madrid” (El País).

También leo que Bolsonaro ha tomado posesión de la presidencia de Brasil proclamando  en su discurso que “Brasil y Dios están por encima de todo”, incluso de las personas y por supuesto por encima de las mujeres, que es lo que Dios le manda, a juzgar por su medida estrella anunciada: “Vamos a combatir la ideología de género”. Resumiendo, la negación de la realidad desigual de las mujeres y la violencia que se ejerce sobre ellas es una bandera en la que ondea el desprecio. Sin salir de mi asombro leo: “Vox supedita su apoyo en Andalucía a PP y Ciudadanos a suprimir las ayudas contra la violencia de género” (RTVE).

“-¡Con dos cojones!”. Esto no es un titular es lo que he pensado yo y millones de españoles, aunque seguro que por diferentes razones. El machismo, agazapado tras lo políticamente correcto que no se atrevía a decir ni mu, ha decidido poner los huevos encima de la mesa que es lo que han hecho durante siglos. Están mostrando a pecho descubierto su verdadera faz. Afortunadamente creo que son minoría, los tiempos han cambiado para todos, para nosotras y para ellos. En realidad, son los de siempre, los que nunca aceptaron (ni antaño ni ahora) que las mujeres saliéramos de los fogones y nos pusiéramos a demostrar que éramos iguales. Han regresado con el discurso que imperaba en España hace medio siglo. Creen que reivindicando la supremacía masculina, a los Reyes Católicos y a don Pelayo mientras suena El novio de la muerte ya tenemos el programa completo y los problemas de España solucionados. No hay cosa peor para frustrar el futuro que la nostalgia de un tiempo que ya se fue y cuyas enseñas ya no volverán.

Miremos el presente y temblemos por el futuro que nos espera si se hace realidad lo que predican los portavoces de VOX que pretenden hacernos creer que las culpables de los problemas de España son la ley contra la violencia de género y las asociaciones de mujeres que luchan por educar en la igualdad. En realidad, esta pretensión es una forma de negar la libertad y fomentar el enfrentamiento entre hombres y mujeres como si hubiera ciudadanos de primera y de segunda y solo la preeminencia de lo masculino beneficiara el progreso de la nación. Esta técnica de enfrentar personas, territorios e ideas como si no hubiera diversas maneras de contemplar el mundo es muy beneficiosa para los populismos extremistas. Toda la vida han crecido fomentando la rivalidad, insultando a los otros, alimentando odios e imponiendo la testosterona frente a la reflexión. Se alimentan de la crispación inducida por sus propias exageraciones en un mundo cada vez más seducido por las emociones, por la primera impresión, aunque después todo resulte mentira.

En ese territorio pasional se han forjado Trump, Bolsonaro, Viktor Orban o Santiago Abascal y sus figuras sirven para recordarnos que sus recetas excluyentes terminaron en el autoritarismo. El nuevo fenómeno que recorre el mundo, aunque los tiempos sean otros, es gemelo del que amaneció en los años treinta. No conviene alimentar la nostalgia de unos ni la desmemoria de otros. Protejamos la libertad, fomentemos la igualdad y custodiemos nuestros derechos, los de todos y, entre ellos, los de las mujeres que los hemos obtenido luchando contra infinitos prejuicios y humillaciones. Que estos dirigentes que desprecian la lucha de las mujeres presidan gobiernos ultraconservadores y que hayan llegado a ellos democráticamente no es casualidad. Piensen en ello.

  

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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