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María Antonia San Felipe

Entre visillos

Reconquista

Quienes se sorprenden de los sobresaltos que en los últimos tiempos se están produciendo en la política española coincidirán en que no hay cosa más frustrante que la rutina acomodaticia. Digamos que en España los partidos tradicionales estaban cómodamente instalados sin advertir que estaban atrapados en su propia inercia, esa que termina desilusionando. La alternancia en el gobierno se producía sin sobresaltos y ese era el orden de las cosas hasta que el bipartidismo saltó por los aires y desconcertó a unos partidos cuyos seguidores les votaban por costumbre y cada vez con menos ilusión. El tarro de las esencias quedó abierto hasta evaporarse.

La crisis económico-financiera del 2008 evidenció la fragilidad de los proyectos políticos. Rendidos todos a la disciplina única de la austeridad, que tanto ha beneficiado a los de siempre y dejado heridas de muerte a las clases medias (que se soñaban altas) y a las bajas (que se soñaban medias), vemos hoy como la precariedad y la incertidumbre generan ansiedad y un malestar creciente. Se notó y se manifestó en el movimiento del 15-M que provocó el nacimiento de Podemos. Hoy, el miedo al futuro y la vacuidad de la clase política acomodada ha hecho renacer un sentimiento de añoranza del pasado y de ahí ha nacido VOX que, por otro lado, siempre estuvo oculto en el PP.

Estamos, como siempre, en una lucha entre pulsiones emocionales entre los que añoran el pasado y los que no se conforman con lo que fueron. La ultraderecha no ha renacido, simplemente se ha manifestado orgullosa de lo que siempre fue y ha definido su identidad en la España de otros siglos. Repudian la memoria histórica (la ideológica, dicen, como si ellos no tuvieran ideología y solo fueran ángeles custodios de nuestras esencias patrias). Van a reconquistar España para los Reyes Católicos y a reconstruir el tardofranquismo en el que las mujeres pedían permiso para salir de casa; para comprarse unas medias, porque no eran independientes ni estaban en el mercado laboral; mujeres que no decidían por sí solas y que eran religiosas y obedientes, es decir, solo madres y esposas sumisas, como Dios manda. Quieren regresar al tiempo en el que los hombres eran machitos que no se prendaban de otros hombres porque para meterlos en vereda o en la cárcel, combatiendo su desviación sexual, ya estaba la ley de peligrosidad social. No sorprende que sean las mujeres y las leyes que las protegen el objetivo de estos nuevos redentores ya que se han convertido en la avanzadilla de los movimientos sociales. VOX, que niega la dictadura de Franco pero proclama la dictadura de las feminazis, consigue adeptos entre muchos hombres y entre algunas mujeres que se niegan a ver la realidad. Pese a todo son ellas la vanguardia indiscutible de la transformación social fundamentada en la igualdad, la solidaridad y, por supuesto, la libertad.

Ahora que PP, Ciudadanos y VOX han llegado a acuerdos para gobernar Andalucía sabemos que pese a utilizar un lenguaje florido no pueden ocultar que han optado por plegarse a una ideología reaccionaria que no tiene un proyecto de futuro sino de pasado. Es también evidente que la ultraderecha crece sin que crujan las estructuras de los poderes tradicionales, incluida la prensa, que los ven con cierta ternura, como hijos revoltosos del sistema. Pablo Casado y Albert Rivera han abandonado el centro uno a las claras y el otro disimulando. Me estremece pero éste es el juego democrático. El tridente de la derecha ha sido creado, como el de Poseidón, por los cíclopes de moda (Casado, Rivera y Abascal), se trata de un pacto entre perdedores, según su propia doctrina, pero es un pacto legítimo que pretenden exportar a toda España.

Lo que me asusta es la falta de reacción de quienes dicen mirar al futuro. Tanto Susana Díaz como Pedro Sánchez, tanto Teresa Rodríguez como Pablo Iglesias, tanto el PSOE en su conjunto como Podemos debieran hacer una seria autocrítica de su actuación en Andalucía y de las carencias de su discurso y de su proyecto en toda España (Cataluña incluida). Estamos ante un ensayo general y de momento están ganando quienes quieren regresar al pasado mientras los que se consideran artífices del futuro no acaban de conectar con su propia gente. Pronto será necesaria una nueva reconquista: la de los derechos universales y constitucionales usurpados.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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