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María Antonia San Felipe

Entre visillos

El pornógrafo

-El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos, le decía Elsa (Ingrid Bergman) a Rick (Humphrey Bogart) en la inolvidable película Casablanca de Michael Curtiz. En París no están entrando los nazis pero Europa está siendo invadida por unos vientos que no se sabe si llegan del Este o del Oeste, para alegría de Putin y de Trump, respectivamente.

Creo que Europa vive momentos preocupantes como proyecto común que estabilizó durante años un espacio de convivencia democrática, de consolidación de derechos y libertades sin precedentes. Tengo la sensación de que el resurgimiento de los nacionalismos como catalizadores de las individualidades descontentas puede ponerlo en riesgo. Creo que las autoridades de la Unión Europea no valoraron en su justa medida las consecuencias de las políticas que impusieron a raíz de la crisis económica de 2008. El resultado de las políticas económicas exigidas bajo la dirección de Angela Merkel, es decir, de Alemania y los países más ricos no ha sido ni mucho menos tan beneficioso colectivamente como vaticinaban. El surgimiento de nuevos movimientos políticos que reaccionan al malestar general de cada nación, exacerbando la importancia del ser nacional frente al comunitario, es el que puede colapsar la Unión Europea como proyecto todavía no culminado pero cada vez más debilitado.

El brexit fue desde el principio una estocada a la Europa unida. David Cameron, el exprimer ministro británico, que convocó el referédum, pensando que ganaría el sí a la permanencia, debe estar todavía reflexionando si es mejor para un país que sus gobernantes asuman el riesgo de equivocarse valorando todos los pros y los contras o diluir su responsabilidad derivando a los electores la decisión sabiendo que lo harán actuando más desde la emoción que desde la valoración de los riesgos reales. Ahora, Reino Unido está en un callejón sin salida y la Unión Europea, también. Teresa May ha perdido estrepitosamente la votación sobre el acuerdo, el mejor posible, según ella y según la UE y ahora nadie sabe qué ocurrirá. May debió haber dimitido tras la derrota de su propuesta, pero incluso en un país de larga tradición democrática hacerlo no es tan sencillo, en España sabemos mucho de eso.
Hoy Europa vive una situación muy complicada. No hay un liderazgo suficiente para defenderla de quienes quieren destruirla. El eje franco-alemán que ha sido crucial para consolidarla está muy debilitado. Merkel, se va; Macron, un europeísta convencido, vive sus momentos más difíciles y no hay nadie a la vista, salvo Marine Le Pen, para relevarlo; en Italia, los populismos de izquierda y derecha gobiernan dentro del desgobierno general y los vientos del ultranacionalismo soplan por toda la Unión. Igual ocurre en nuestra querida España a la que ya no despiertan versos de poetas, como cantaba Cecilia, sino de tensión y enfrentamiento cada vez más polarizado.

Esta angustia me asaltaba el miércoles mientras escuchaba la radio cuando, en medio del desasosiego, escuché una noticia hilarante: el rey “Alfonso XIII produjo las primeras películas porno españolas”. Las cintas fueron encontradas en un convento y están en la filmoteca de Valencia. No pensé que era una broma, dadas las cualidades del monarca, sino una forma de rebajar la tensión del informativo. Los detalles aportados eran sabrosos, las tres pelis fueron dirigidas por Ricardo y Ramón Baños y el propio monarca participó en la producción y guión e incluso en los casting para seleccionar protagonistas entre las prostitutas. Las cintas fueron rodadas entre 1915 y 1925 cuando el hambre y la miseria eran las únicas protagonistas de la obra. Según la noticia Alfonso XIII contó con la servicial ayuda del conde de Romanones, famoso por su frase, “¡Qué tropa, joder, qué tropa!”. Pues nada, tranquilos. Si Europa y España han sobrevivido a grandes catástrofes todavía nos queda esperanza. Si no nos enamoramos, como en Casablanca, al menos, nos reiremos.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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