Blogs

María Antonia San Felipe

Entre visillos

El espectáculo

Reconocerán conmigo que esto de vivir en medio del espectáculo resulta agotador. No hay faceta de la vida que escape al mundo del entretenimiento ni a los trucos impactantes que se utilizan para atraer la atención del espectador. La política tampoco puede evitar la tentación por sublimar el efecto de poner en escena acciones de impacto.

Por ejemplo, ante la autoproclamación del líder opositor, Juan Guaidó, como presidente encargado de Venezuela, los gemelos Pablo Casado y Albert Rivera salieron corriendo a las calles en busca de micrófonos y cámaras. Parecían competir por una medalla olímpica de esas que se ganan en el sprint final porque son de corto recorrido. Con gestos desencajados y al borde del paroxismo culparon al presidente Sánchez de calzonazos secuestrado por Podemos y hasta le culparon, con carácter preventivo, de las muertes que pudieran acontecer en las calles de Venezuela si no reconocía de inmediato a Guaidó. Gestualizaban enfadados como si les fuera la vida en ello y como si un presidente de gobierno no debiera tener la prudencia de consensuar, al menos con sus socios europeos, una postura común tratando de evitar un enfrentamiento civil. Era todo tan impostado que resultaba evidente que los venezolanos les importaban un bledo. La opinión de Santiago Abascal no recuerdo haberla escuchado. Es posible que los líderes de VOX, la tercera pata de la derecha española, hubieran salido a cazar denuncias falsas de mujeres disfrazadas de gamusinos en los juzgados de violencia de género.

Éste es solo un ejemplo, pero podemos encontrar muchos otros para concluir que lo importante no es el peso de los argumentos sino quien llega antes a culpar o ridiculizar al contrario presentándose como adalides de las causas que sean. La política se ha convertido no en una ocupación en el que se reflexiona sobre los problemas comunes y la mejor forma de resolverlos, incluso cuando las dificultades son evidentes, sino un concurso que premia a quien la dice más alto y más gorda. Y, por supuesto, siempre hay uno que podrá añadir además dos huevos duros.

El resultado de todo esto es la tensión que estamos viviendo y que sube de tono cada día. Quizás estos espectáculos, utilizados a diestro y siniestro, pueden dar resultados en el corto plazo, porque tensionan el escenario y radicalizan a los ciudadanos, pero dudo que pueda mantenerse un clima de inquietud permanente con resultados positivos para el país. Vivimos entre el teatrillo y el bulo, entre mentiras que se pretenden verdades y una incapacidad creciente para argumentar con seriedad sobre soluciones que conciten consensos más amplios que aúnen mayoritariamente a la ciudadanía más allá del sectarismo creciente en el que vivimos. Así que, contemplando el espectáculo, recordaba uno de esos refranes tan conocidos como olvidados: no es el que más grita el que tiene más razón. Pero ahí seguimos gritándonos unos a otros, pretendiendo llevar siempre razón, pero sin molestarnos en buscarla porque eso supone un esfuerzo que pocos estás dispuestos a realizar mientras saquen réditos del enfrentamiento. Ahí está Cataluña como ejemplo.

Sin embargo, pese a todos nuestros defectos, me quedo con una de las enseñanzas que la vida, desde su crudeza, nos ha brindado estos días. La muerte del niño Julen, más allá de los excesos morbosos de algunos y el oportunismo de otros, nos ha mostrado la importancia que tienen la ausencia de vanidad y el impulso de la solidaridad. Las posibilidades de encontrarlo vivo disminuían cada hora que pasaba pero, como dijo el ingeniero García Vidal, en torno a la desgracia se montó “no una operación de rescate sino una obra de ingeniería civil humanitaria”. En ella han participado técnicos, mineros, guardias civiles, psicólogos, servicios de protección civil, ciudadanos anónimos y mucha gente que con humildad, esfuerzo y seguramente, angustia y llanto, han demostrado la dignidad y la nobleza de aquellos que silenciosamente hacen grande a este país.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


febrero 2019
MTWTFSS
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728