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María Antonia San Felipe

Entre visillos

Peras al olmo

Desde niños sabemos que no se pueden pedir peras al olmo y que la política es el arte de lo posible, de ahí que ni las peras ni lo imposible se hacen realidad por mucho que lo soñemos. Pues bien, el independentismo catalán sigue a lo suyo agitando el olmo para ver si caen peras y no hay peor cosa que el autoengaño. Apoyaron a Sánchez pensando que un gobierno débil parlamentariamente daría los frutos apetecidos olvidando, con la memoria que tienen para recordar agravios, que ni este gobierno ni ningún otro, es el Estado español ni en su complejidad ni en su fortaleza.

Por su parte Sánchez también creyó que tendiendo la mano a Cataluña los independentistas entrarían en razón. Consciente de que está socialmente partida en dos y con la convivencia totalmente deteriorada, ha hecho un esfuerzo por el diálogo y el entendimiento. El objetivo, entiendo, era rebajar la tensión tras la flagrante vulneración de la legalidad constitucional por parte de los secesionistas y el fracaso político de la indolencia del gobierno de Rajoy. El tiempo está demostrando que el independentismo están dividido pero no se mueve porque de hacerlo habrían de confesar sus errores y se arriesgan a ser llamados traidores al reconocer que la independencia es tan imposible o, al menos, tan perjudicial como el brexit en Reino Unido.

El juicio del procés comienza y el independentismo vuelve a reclamar lo imposible: que el gobierno intervenga en el poder judicial para conseguir la absolución de los encausados, presos o fugados. Todavía no han entendido que en política hay que asumir las consecuencias de las decisiones y que si se vulnera la legalidad, tras haber sido reiteradamente advertido de los riesgos que entrañaba hacerlo, no puede uno lamentarse después argumentando que era una broma, que la república duró un minuto y que ellos son el pueblo y su bandera. El grado de fanatismo es de alto voltaje y si contar la verdad a los suyos les resulta imposible actuar como piden sería un suicidio.

Presionar a Sánchez con no aprobarle los presupuestos, como si la supervivencia de un gobierno fuera más importante que el estado de derecho y la legalidad constitucional es otro delirio. Su objetivo no es la distensión sino la propaganda que pasa por tratar de desacreditar a la justicia española haciendo creer a la opinión pública internacional que se va a celebrar un juicio sin garantías como si estuviéramos, por ejemplo, en Venezuela o en Arabia Saudí. Solo en ese contexto se entiende la exigencia, entre los 21 puntos de Torra, de la “desfranquización” de España. Viven en una contradicción permanente al pedir que el gobierno se comporte como en la época del dictador cuando los tribunales no eran independientes. Estas son las peras que piden al olmo y no puede haber gobierno español alguno que pueda obrar semejante milagro. La realidad se va a imponer y todos sabemos, ellos también, que habrá condenas. Serán mayores o menores, por rebelión, por sedición o por ambas cosas, pero son inevitables. Quisieron ser héroes de mantequilla y ahora el miedo y la ansiedad los ha derretido en la cobardía de su propia mentira.

La ocurrencia eufemística del relator/notario o como quieran llamarla es una piedra introducida en el zapato de Sánchez que mina su credibilidad y erosiona, indefectiblemente, su base electoral al tiempo que cuestiona la estructura institucional del Estado. Nadie podrá negar a Sánchez que lo ha intentado pero es el momento de tomar decisiones en este juego de mentiras y vanidades porque la distensión no va a llegar si los independentistas no abandonan el territorio de lo imposible. El presidente del gobierno debe dejar claro a los ciudadanos y al independentismo que si éste no abandona el maximalismo en el que sigue instalado no hay más solución que partir peras a la sombra del olmo y convocar elecciones.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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