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Entre visillos

Cuestión de conciencia

No sé si sobreviviremos a esta época mortal pero si alguien queda contará que el mundo implosionó tras sucumbir a la maldad, perder el sentido común, los principios éticos y el respeto a la libertad ajena. Aprendimos en la infancia a diferenciar el bien del mal y que lo que está mal, mal está lo haga quien lo haga. El martes 13, explotó una bomba y apareció Julio Iglesias vestido de truhán para demostrarnos lo contrario. Eldiario.es y Univisión desvelaron tres años de investigación sobre su conducta con las mujeres del servicio doméstico en sus mansiones. A los pocos minutos, ya estaba toda España dividida en bloques antagónicos, ¿a favor y en contra de las víctimas?, depende, porque la víctima es, según las redes y algunos opinadores, Julio Iglesias. Ocurre que un nuevo fantasma recorre el mundo, lo llaman ‘algoritmo’ pero es la manipulación de toda la vida. Son sus dueños los que convierten en verdades las mentiras que les interesan. En segundos, una opinión es rebatida por los trolls según convenga.

En las denuncias presentadas por dos mujeres, amparadas por la organización Women’s Link Worldwide, ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional se le acusa de los presuntos delitos de abuso sexual, lesiones y trata de personas. Lo que cuentan es tan espeluznante que te deja el cuerpo revuelto. Es el eterno retorno a la realidad de la historia cotidiana de las mujeres. Sabemos que, desde las cavernas, el poder del “amo” o del “señor” sobre sus cuerpos era ilimitado. Sin pretender desvirtuar la presunción de inocencia de cantante español más internacional tampoco podemos banalizar la gravedad de las acusaciones. Hay muchas formar de someter voluntades. ¿Les pusieron una pistola para estar allí?, dicen algunas famosas. Pues no, pero cuando se vive en la penuria las pistolas te las pone la vida y se acepta lo que sea por instinto de supervivencia. De eso se aprovechan los que se sienten omnipotentes y dueños de los cuerpos y voluntades ajenos. También el miedo demoró denunciar a hombres tan poderosos como Harvey Weinstein o Jeffrey Epstein, esa sombra alargada que persigue al condenado por abusos Donald Trump.

La reacción de Isabel Díaz Ayuso al afirmar que, «Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda», desvela su saña. En Irán, las mujeres son un firme ariete contra la dictadura teocrática de los ayatolás. Ojalá lo consigan, las admiro y apoyo como a las de Afganistán, Arabia Saudí, Qatar… Las mujeres pueden ser abusadas allí pero entre nosotros, también. Dice Isabel que «jamás contribuirá al desprestigio del cantante más universal de todos». A ella no le interesa la verdad igual que a él sólo le preocupa su fama. Me pregunto, cuándo ambos se quedan a solas con sus conciencias, ¿se reprochan su propia vileza?

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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