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Entre visillos

La ley y el desprecio

Gisèle Pelicot fue drogada por su marido durante años y fue violada por 50 hombres. Su valentía la convirtió en un símbolo feminista para el mundo. Confiesa que lo suyo fue un descenso a los infiernos. Los violadores eran hombres de todas las edades, profesiones y buenos padres de familia a los que sus abogados presentaban como víctimas olvidando que la única víctima era ella. Hoy ya puede sonreír, “me he reconstruido sobre un campo de ruinas y me he vuelto a enamorar”. ¡Qué valiente! En eso pensaba cuando leí la noticia de la presunta violación de una agente por el director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González Jiménez. Me quedé atónita. La noticia es demoledora porque demuestra que el mal está muy extendido y que, tras años de lucha, la violencia contra las mujeres no sólo se ejerce con frecuencia, sino que algunos pretenden que quede impune.  

Unos días antes, detuvieron en San José de la Vega (Murcia) a un español, Alberto S. M, por tener secuestrada a una mujer marroquí, que perdió un ojo tras las palizas y violaciones. La tenía maniatada en el baño y hasta le dijo dónde pensaba enterrarla. Fueron 22 meses de calvario eterno para Salma. Sin ayuda de nadie, consiguió escapar. De Alberto S.M. sus vecinos, sobre todo quienes le ayudaban, dirán que es un buen hombre. De Salma nadie del pueblo sabía nada, silencio.

Hoy es tendencia, entre influencers y políticos de moda, denigrar el feminismo y negar la existencia de una violencia específica contra las mujeres. Estas noticias son una bofetada a esa gran mentira porque, por mucho que se empeñen, la realidad los desmiente cada día. Estremece conocer que hasta en esferas policiales crece la cizaña y siempre hay quien debiera cumplir y hacer cumplir la ley, pero la viola. Respetando la presunción de inocencia, creo que, de probarse las acusaciones, la conducta de este jefe policial sigue los patrones habituales: abuso de autoridad para someter a su subordinada, desprecio al no consentimiento, creencia de impunidad e intento de encubrimiento por coacción.

Los que dicen que la violencia machista no existe no pueden negarnos lo que nuestros ojos ven. Es urgente combatir el negacionismo para erradicarla. Estos días, en el Congreso, los fariseos gritan enloquecidos y se rasgan las vestiduras pidiendo la dimisión del ministro del Interior. Veo que son los mismos que hablan de miles de denuncias falsas, encubren a los señalados, piden a las víctimas que guarden silencio y difunden la idea, cada vez más extendida, de que las mujeres nos estamos pasando. Tras su tragedia, con gran dignidad, Gisèle confiesa que no pone “en el mismo saco a todos los hombres”. Yo tampoco, pero no nos resignemos. En estos casos confío en que sobre su crueldad caiga nuestro desprecio y todo el peso de la ley.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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