La misión Artemis II está en marcha, la nave Orión navega por el espacio con tres hombres y una mujer, la primera en romper otro techo de cristal. “Hoy tenemos una preciosa luna llena y nos dirigimos directos a ella”, dijo su comandante mientras el cohete espacial se elevaba. La nave recorre ese cielo que el resto de terrícolas jamás conoceremos. Da vértigo pensar en penetrar ese oscuro universo, ignoto y gélido que atrae como un imán, esa entelequia que los humanos asemejamos al infinito. Y es que viajar a la Luna que es como viajar a la poesía y a los sueños, nadie ha inspirado más literatura y más fantasía que el satélite que orbita la Tierra. Estos astronautas no van a alunizar, pero alucinarán cuando, con sus propios ojos y a través de los ingenios técnicos, vean la cara oscura de la Luna. Están a decenas de miles de kilómetros, en una órbita terrestre alta, un éxito de la inteligencia humana.
A contrapunto, el mundo contiene la respiración y les desea éxito mientras contempla la cara más oscura, cruel y violenta de la Tierra. Es imposible no recordar el Apolo 11 y aquel 20 de julio de 1969 cuando, tras pisar la Luna, Neil Armstrong exclamó: «Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad». Escuchamos al presidente Trump exclamar eufórico: «Estamos ganando: en el espacio, en la Tierra y en todo lo que hay entre medias». Muy lejos de la grandeza de Armstrong. Para Trump, todo es blanco o negro, conmigo o contra mí, bueno o malo, ganar o perder. Se cree el centro del mundo y sueña que todo orbita en torno a él y a su necedad.
Trump también dijo algo terrible, amenazó con llevar a Irán «a la Edad de Piedra». Intensificará la ofensiva antes de retirarse proclamando que ha ganado y después de que sus amigos y él se hayan forrado, por supuesto. Todo es mentira porque las consecuencias de su guerra no van a ser pequeñas. Ni habla de las víctimas, ni le preocupa lo evidente, en todas las guerras, la víctima siempre es el pueblo, todos los pueblos, incluido el suyo.
Como Trump se escaqueó de ir a Vietnam no recuerda que el año en que el hombre pisó la Luna, Nixon llegó a la Casa Blanca. Anunció la retirada e inició el traspaso de las tareas de combate al ejército de Vietnam del Sur. La retirada efectiva de tropas duró años y miles de muertos. Cuando cayó Saigón, el 30 de abril de 1975, el presidente era Gerald Ford. Un día se enciende la mecha de la guerra y luego es difícil apagar el incendio. Ya sé que Irán y Vietnam no son lo mismo, pero no es bueno cantar victoria antes de tiempo. Trump tiene miedo a las elecciones de noviembre, puede perder el control. En nombre de la religión y de la patria se han cometido matanzas sin cuento, hoy sabemos que todo es por petróleo y dinero. Quizá estamos en la Edad de Piedra desde hace tiempo.