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Entre visillos

¡Que lo paren!

El niño mira la Luna. Escribió, Federico: Por el cielo va la Luna/con un niño de la mano. ¿Será Trump el niño? Donald es como un niño, pero al mirar la Luna sólo ve negocio: parcelas urbanizables, torres gigantes y estatuas de oro, como la que sueña colocar en Gaza. ¡Niño, déjame, no pises/mi blancor almidonado! Protestaría la Luna al verlo llegar. ¡Socorro!, gritaría. La Luna no sabe que más de la mitad de los terrícolas respiraríamos aliviados si la misión Artemis 2 hubiera lanzado, desde su nave Orión, a este nuevo emperador a la cara oculta de la Luna y se hubiera olvidado de recogerlo. ¡Menudo alivio! Y más ahora que se cree Jesucristo, es decir, Dios. ¡Qué bien estaría allí!, todo el tiempo del mundo para planificar negocios. Y es que hoy, la Tierra contiene la respiración. Hace 66 millones de años, un meteorito acabó con los dinosaurios, pero hoy veo más probable que Trump y sus chicos dinamiten nuestra Tierra a que lo haga el impacto de otro meteorito. Esto no me lo he inventado, sigo la estela de un gran astrofísico.

            Michel Mayor ganó el premio Nobel de Física en 2019 por descubrir, en 1995, el primer exoplaneta. Habla con la serenidad y aplomo que otorga la sabiduría. A sus 86 años, sostiene que creer que los humanos una vez aparecidos en este planeta ya nunca dejaremos de existir, es erróneo. La humanidad no es eterna y nos extinguiremos. Esperanzas hay pocas, no hay lugar adonde huir y, si lo hay, no podríamos llegar a tiempo, estaría a millones de años. De las teorías del hombre más rico del mundo, Elon Musk, asegurando que el próximo siglo habrá un millón de terrícolas viviendo en Marte no se ríe, da argumentos y concluye que, además de imposible, el lugar más horrible de la Tierra es un paraíso comparado con ese planeta rojo y sin oxígeno.

            Esto deja la moral por los suelos a cualquiera. Según sus cálculos, en unos 2.000 millones de años ya no estaremos en la zona habitable del sistema solar, pero advierte que este cálculo no tiene en cuenta la acción de los humanos locos y peligrosos. No hay que ser tan sabio como él para pillar la indirecta. De hecho, eso lo teme más de medio mundo.

            Charlie Chaplin, en El Gran Dictador, rodó una escena inolvidable: Adenoid Hynkel juega con el globo terráqueo, se sueña el emperador del mundo, el dueño del universo terrenal y cuando su delirio es total el globo explota entre sus manos, ¡plaff! Se enfurece de impotencia tras creerse omnipotente. Trump es un ignorante corrupto y cruel que juega con el mundo para forrarse porque nadie se atreve a pararle los pies. Los meteoritos que viajan a la Tierra para destruirnos han rectificado su trayectoria. No será necesaria su intervención, aquí habitan, como dice el Nobel, Michel Mayor, suficientes locos peligrosos para conseguirlo mucho antes de lo previsto.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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