Mientras, en Casablanca, Sam toca El tiempo pasará los viejos amantes saben que nada volverá a ser igual. Se puede buscar el tiempo perdido, pero jamás se encuentra, sólo queda el recuerdo. A Zapatero sólo le queda intacta la memoria de los aciertos de su presidencia, lo único que puede reconfortarle. Hoy está ante la incertidumbre de cualquiera que debe defenderse ante un Tribunal. No sé si Zapatero es culpable o no de las acusaciones formuladas contra él por la Audiencia Nacional. Prefiero esperar a que los indicios sean rebatidos o, por el contrario, se transformen en pruebas. Estoy con Rufián, si todo esto es verdad, es una mierda y si no lo es, una mierda aún mayor. Yo añado, si es verdad, menuda decepción y, si no lo es, se demostrará que la Justicia no actúa igual con todos. En ambos caso, la democracia queda malherida.
Los graznidos ensordecedores de los cuervos que revolotean sobre el cadáver político de Zapatero me llevan a pensar que, hasta que se sepa la verdad, ¡largo me lo fiais!, Zapatero está políticamente muerto, incluso si es inocente. Lo ratifica la euforia de esa derecha política y mediática ansiosa por llegar al poder. Llevaban días anticipando que el expresidente, esta semana, iba a ir p’alante y así ha sido. ¿Quién o alguien del entorno de quién se lo ha filtrado? Las sensibles altas togas y el Consejo General del Poder Judicial, ni mu. Aunque algo huela a podrido es innegable que la conmoción ha sido una bomba para el PSOE y para la izquierda en general. Zapatero ya ha sido condenado. Felipe, Aznar y M. Rajoy ríen fumándose un puro. Se ha destruido el referente ético del único presidente no salpicado por la corrupción en sus mandatos. El tiempo pasará, pero su honorabilidad, si resulta inocente, no será repuesta jamás. Tiene ante sí un calvario de años, pues uno de los males de la justicia española es la lentitud. Cuando llegue la sentencia, la justicia habrá dejado de ser justicia. España tiene un problema estructural con el Poder Judicial, nunca abordado porque la élite judicial vive cómoda en su fortaleza y se resiste a cualquier cambio en su propio estatus.
Muchos de los casos de corrupción económica o política que se están juzgando hoy (Kitchen, Pujol o Granados) llevan años de instrucción. Para que hablar, como estos días lo hemos hecho en La Rioja, de la tortura del día a día que padece el ciudadano que acude a un juzgado, del incumplimiento de plazos, de la falta de medios, del atasco histórico que conduce a la desesperanza. Pero, si la Justicia y los jueces necesitan ganar la confianza del ciudadano, también lo necesita la Política. El PP no puede dar lecciones, pero el PSOE perderá el tiempo enzarzándose en recordárselo. Debe hacer algo más antes de que el miedo y las miserias humanas lo ahoguen. Los votantes no esperan lamentos sino claridad, reclaman señales de renovación contundentes para volver a confiar. No piden que Sam vuelva a tocar El tiempo pasará, esa no es la música que necesitan escuchar.