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Entre visillos

Puñetazos de cumpleaños

Los cumpleaños se celebran como se puede, pero si eres el Júpiter furioso de nuestro tiempo puedes hacer lo que te salga de las narices. Para su ochenta natalicio Donald Trump montó en la Casa Blanca un solemne concierto de puñetazos y mamporros a tutiplén. Por si había dudas, ha quedado claro a todo el orbe, que la divisa moral de su presidencia es la brutalidad aliñada con crueldad y, en vez de perejil como hace Arguiñano, le pone un toque de sadismo y una generosa cantidad de testosterona.

Trump ordenó construir una estructura metálica de más de 30 metros que supera la altura del edificio imaginado por George Washington en 1792, aunque se utilizó desde 1800. Trump quería un ring octagonal con su jaula de malla de alambre y se lo han regalado. Los jardines que diseñó Jackie Kennedy, ya los arrasó el verano pasado para su grandioso salón de baile lleno de dorados imperiales tipo Putin.

Al artefacto de más de 60 millones, le han llamado La Garra, un símil muy adecuado. Los animales que tienen garras la usan como arma y Trump armas tiene. Siete combates de Artes Marciales Mixtas se celebraron. He aprendido que es un tipo de lucha libre más salvaje que el tradicional. Al español Ilia Topuria, el americano Justin Gaethje le dio tantos guantazos que la sangre que caía desde sus cejas partidas daba más lástima que Robert de Niro en Toro salvaje, la película de Scorsese. Trump aplaudía dichoso, lo que da idea del nivel intelectual del presidente, cuando el médico tuvo que parar el circo antes de que Topuria ‘El Matador’ muriera en la arena como los gladiadores de antaño. ‘El Matador’ aunque ha sido remendado no podrá atizarle a nadie en todo el año.

Pero, pese a rodearse de ricos y aduladores, el Júpiter Trump no estaba contento. Ochenta es una cifra satánica que le da vértigo porque, como en una epifanía, ha descubierto que se hace viejo, como Biden, al que ridiculizó sin piedad. Trump es un mortal en franco deterioro y un presidente en declive.

La guerra, unilateralmente iniciada contra Irán, por consejo del perverso Netanyahu, no le ha salido bien. Lleva anunciando el fin de la guerra desde que la inició y la paz firmada, es una tregua frágil e incierta. Trump presume de que ha ganado aunque todos sabemos que ha perdido. Es una treta más en la espiral de dislates de un personaje mentalmente inestable que teme a las elecciones de noviembre. Su guerra ha fortalecido al criminal régimen de los ayatolás, que va a obtener un balón de oxígeno económico de tropecientos mil millones. Trump no ha conseguido ningún objetivo estratégico. Reabrir el estrecho de Ormuz que ya estaba abierto no es un éxito. Ha puesto las economías patas arriba y el pueblo iraní sigue masacrado y sin esperanza. El furioso Júpiter ha dejado claro en su cumpleaños sus recetas geopolíticas: destrucción, bombas, insultos y guantazos. La fuerza bruta es el remedio que este hombre pequeño que cree ser grande ofrece a un mundo cada vez más perdido e inestable. Lo veo todo muy negro.

 

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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