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Entre visillos

Goles y abrazos

España se prepara para jugar la final del Mundial de Fútbol 2026 y eso es un hito tras aquel inolvidable éxito de 2010. En esta larga travesía por el dilatado desierto de los triunfos ha sido la Selección española femenina la que también nos dio alegrías en 2023. Yo, sin ser futbolera, recuerdo la final de hace 16 años contra Holanda como un momento de catarsis colectiva muy estimulante que puso a todo el país en pie junto a “la roja”. Soy un poco cándida pero no tan ilusa como para no ser consciente de lo que hay detrás de la FIFA y de los intereses económicos que mueve el fútbol. Pero dicho esto, es maravilloso ver a todo el país apoyando a su Selección. Hace dieciséis años, en estas páginas, publiqué una columna que titulé, ‘Lecciones del fútbol’. Describí un sentimiento que percibí en mucha gente: «Qué quieren que les diga, que después de 32 años de Constitución todavía quedaban sin curar resabios dolorosos del pasado y, quién sabe si a lo mejor es que la Transición concluyó para siempre el domingo».

Les confieso, con igual sinceridad que entonces, que hoy tengo una sensación más amarga. Confío en que el triunfo de España, ¡ojalá! se logre, lo atempere. ¿Por qué lo siento así?, porque creo que el deterioro de la convivencia, en el que algunos trabajan sin descanso y sin propósito de la enmienda, parece alimentar la idea de que vivimos en un país de mierda y yo ante esa idea me rebelo porque creo que es un insulto a nuestro esfuerzo colectivo por construir este gran país que somos hoy y que ha evolucionado a igual ritmo que el mundo.

La Selección que ganó en 2010 fue alabada por haber construido un equipo unido en el juego que superó el interés individual de los magníficos jugadores que teníamos. El partido contra Francia, que terminó por llevarnos a la final, demostró lo mismo. Tenemos maravillosos jugadores que han sabido engrandecer el equipo situándolo por encima del lucimiento personal. El resultado fue portentoso. El partido con Bélgica fue más agónico, pero contra Francia fue el concierto sincronizado de una orquesta afinada y una dirección espectacular. En 2010 nuestra Selección reflejaba la sociedad española de entonces, igual que la actual es espejo de la de hoy. Creo que nuestro equipo ha ido de menos a más, una vez que sintonizaron la misma frecuencia crecieron a ojos vistas.

De nuevo, la lección del fútbol es que ‘todos a una’ multiplicamos la fuerza individual, ya sea en el terreno de juego o en el Congreso de los Diputados. Sería mejor insultarnos menos y abrazarnos más. Que tomen nota los insultadores oficiales y quienes los aplauden de que España nos necesita a todos para ganar el futuro y para eso hay que frenar la intolerancia y el odio con igual determinación que nuestra Selección necesita golear a Argentina para ganar la Copa. Nuestra admiración ya la tiene ganada. Confieso que todo esto es sólo un inocente deseo, pero si no sueñas es que te puede la amargura. Hoy toca soñar con goles de España y abrazos entre españoles.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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