Cuenta la leyenda egipcia que en la tumba de Isis hubo una estatua cubierta con un velo que ocultaba todos los misterios del pasado. Levantar el velo de Isis siempre fue el deseo de quienes, como los historiadores, buscan conocer para poder contar. Cuando se desclasifican documentos vedados a la ciudadanía, hablar de cortinas de humo demuestra que no les interesa ni la verdad ni la historia que daría luz a nuestro presente. Los historiadores llevamos años pidiendo una nueva ley de secretos oficiales. Lo increíble y triste es que haya hispanistas extranjeros que nos cuenten nuestra historia gracias a archivos desclasificados del Foreign Office británico, por ejemplo, y nosotros sigamos con el velo de Isis tapando nuestros ojos.
Hace 45 años que se produjo un golpe de estado en España, eso quiere decir que hay generaciones que no lo vivieron y no saben el miedo que causó a quienes lo vivimos cuando la democracia amanecía en este país de larga tradición golpista y escasa experiencia democrática. Todavía sobresalta la foto del teniente coronel Antonio Tejero, blandiendo su arma junto a la tribuna de oradores, el brazo izquierdo alzado y su “se sienten, coño”, una frase muy elaborada como discurso patriótico, el maltrato al general y vicepresidente del gobierno, Gutiérrez Mellado o el tiroteo dentro del hemiciclo para acojonar a los diputados, siguiendo su lenguaje lleno de testosterona. Esa imagen no sólo conmocionó a los españoles sino al mundo. Fue la prueba empírica de la fragilidad del experimento democrático. La Transición no fue la vida cañón para las generaciones que la vivimos, como creen algunos jóvenes, sino un tiempo difícil en el que la democracia y la incipiente libertad peligraron. El golpe unió a la mayoría de españoles, pero los contubernios seguían.
Todo no vamos a saberlo. Dado que miembros de los servicios de inteligencia estuvieron implicados, algunos archivos sonoros y escritos han desaparecido. En ese tiempo confuso, alguno se vestiría de demócrata para realizar un eficaz expurgo para tapar otra parte de la trama golpista, la civil, por ejemplo. Ahora los historiadores procesarán y darán contexto a lo que hoy sabemos. Para la mayoría, la figura del rey Juan Carlos I ha quedado limpia y superado la prueba. Nadie, después de 45 años, esperaba lo contrario. Los de la cortina de humo dicen que el rey emérito debe volver. Recordemos que se fue porque quiso y que vuelve cuando quiere. Es libre, pero presiento que su pasado no va a absolverlo de su presente ni va a desvanecer esa nube negra que lo empujó a abdicar. Más me preocupa que los jóvenes sepan que la democracia y la libertad que hoy tenemos puede perderse porque el discurso de los golpistas de entonces es el que ahora mola. Quien no lo ve es porque vive cegado en la humareda.