Es la Justicia ese poder del Estado en el que cada día menos ciudadanos confían. Créanme no es por falta de méritos. En la bimilenaria ciudad de Calahorra tenemos tres primorosos juzgados, hace poco observé que habían cambiado el cartel de la entrada, creo que debieran haber puesto una tortuga gigante para advertir a quienes, buscando justicia, se atreven a traspasar el umbral. Nadie podría llamarse a engaño. Puede ocurrirle como con el caso de Jordi Pujol en la Audiencia Nacional que tras 4.149 días (11 años largos) ha sido exonerado en el juicio por el origen de su fortuna, porque a sus casi 96 años no está como para declarar. Y es que, ya nos lo enseñó Séneca: «nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía».
En Calahorra, según Séneca, la injusticia campa a sus anchas. Por los pasillos de su palacio de Justicia vagan las almas en pena de abogados, procuradores, demandantes, peritos y un largo etcétera de víctimas preguntando por plazos, notificaciones, señalamientos y audiencias, sin encontrar consuelo, respuesta ni esperanzas que transmitir a sus representados para calmar su impaciencia después de meses y años de infinita paciencia.
Los juzgados de Calahorra están totalmente colapsados desde hace años, así lo creen todos los operadores judiciales y quienes esperan una resolución judicial que nunca llega sobre todo en los asuntos que afectan al derecho Civil. No se cumple un plazo legal ni por casualidad. Los expedientes se amontonan en una eterna siesta. Los trabajadores, ha denunciado el sindicato CSIF, están desbordados y en situación de «desespero», tras quitarles los refuerzos. Este desastre procesal es un drama que soporta el ciudadano en silencio y que afecta a sus vidas y a su salud: divorcios, custodias, deudas, estafas… Disgustos que se prolongan años.
Dice el presidente del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, Javier Marca, que calificar la situación de los Juzgados de Calahorra como de «colapso» o «coma judicial» no es real y que los asuntos pendientes están en los niveles más bajos en años. ¡Válgame Dios! Considera un éxito que a finales de 2025 hubiera 4.853 asuntos pendientes, es decir 4.853 problemas estancados hace años. Sentencias no ejecutadas, problemas de convivencia, de supervivencia o empresariales duermen el sueño de los justos. Todos ellos son dramas de personas al borde de un ataque de nervios. Pide Javier Marca prudencia en las declaraciones para que no se genere una «alarma social». Al leerlo los ciudadanos afectados por el colapso de los juzgados de Calahorra hemos entrado en pánico. Lo alarmante es que si un problema no se reconoce, difícil será darle soluciones. Algo deberán hacer además de burlar nuestra paciencia. En Calahorra la Justicia dormita en el limbo, por eso sabemos que no existe.