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Entre visillos

Poco me parece

Dos jóvenes hacen los deberes de matemáticas. El uno le pregunta al otro: Oye, Patxi ¿cuánto te da el problema? Infinito me sale, Antxon. ¡Poco me parece, Patxi!

 No está el patio político para bromas, pero este viejo chiste me vino a la cabeza al conocer la condena a Ábalos. Yo entiendo que veinticuatro años son muchos años restados a una vida cuando se entra en prisión, aunque nunca se cumplen íntegramente, pero no les oculto que a mí poco me parece. Me explicaré con dolorosa sinceridad. No voy a divagar sobre el Código Penal, sino con el código anímico, ético y sentimental de quien tuvo el honor de representar durante doce años a su ciudad natal, Calahorra, bajo las siglas del PSOE. Después de tantos años, confieso sentir una inmensa decepción teñida de pena y rabia. 

¿Cómo pudo alguien como José Luis Ábalos llegar a lo más alto del PSOE y del gobierno y luego caer tan bajo? ¿Cómo pudo burlar la legalidad? ¿Por qué tiró a la basura la decencia que se le supone a un alto cargo socialista? ¿Pensó en algún momento el corrupto Ábalos en la militancia a la que traicionaba, en las ilusiones que rompía, en la honradez pública que defendió en la moción de censura contra M. Rajoy? Yo creo que sólo pensó, como casi todos los sinvergüenzas, en vivir a lo grande y alejado de los principios que decía defender. Se ha demostrado que su ideología era etérea, pancista y más propensa al dinero y a los placeres de la vida que a la coherencia política que fingía practicar.

He tenido la suerte de no conocerlo pero no olvido su estúpida y falsaria declaración de: «soy feminista porque soy socialista». ¡Cuánta vergüenza da recordarlo! Demostrado está que, con las mordidas del dinero de todos, se iba el canalla a comprar favores sexuales e incluso el amor de una joven. Es Ábalos una mosca depredadora que quedó atrapada en una telaraña de corrupción tejida por una araña que lo ha devorado para salvarse él, como Aldama y el Supremo han demostrado. La corrupción es un laberinto que siempre conduce a la desgracia de quien la ejercita, en este caso a la cárcel. Un impostor que ha avergonzado a los suyos hasta el infinito no es digno de compasión. El daño que ha causado al PSOE es infinito y por eso insisto que la condena, desde ese punto de vista, como en el chiste, poco me parece.

La corrupción existe y existirá, por eso es condenable toda ella, hoy y siempre. Si detesto la indecencia ajena, todavía aborrezco más la propia, la que ocurre en el seno del partido al que un día representé. Ábalos ha hundido su vida, pero lo más grave, es que ha puesto en peligro el futuro del PSOE y del presidente del Gobierno. Un error haber confiado en quien ni tenía aptitudes ni lo merecía. Creo que Pedro Sánchez se siente como Ícaro huyendo del laberinto, sus alas están soportando demasiado peso expuesto al fuego cruzado, ya sea amigo o enemigo. Van a por él, pero no nos engañemos: Ábalos, Koldo, Leire y Cerdán son el peso muerto que puede lastrar su vuelo y precipitar su caída.

María Antonia San Felipe

Sobre el autor

Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.


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