‘Ceuta es España’ se repite estos días como si lo hubiéramos olvidado. Ceuta es España desde hace casi 400 años. Entiendo que nos lo recuerden los ceutíes para sentir nuestra solidaridad por su sensación de desamparo tras el asalto a finales de julio. La violación de nuestra integridad territorial y el hecho de que más de 70.000 personas irrumpieran por sorpresa en la ciudad supone una ruptura brutal de su normalidad y de su propio equilibrio vital. Ante esta enormidad cualquier solución siempre será lenta e insuficiente. Se comprende que Ceuta denuncie el abandono porque las soluciones, en el marco de la legalidad, no son mágicas. No se puede frotar la lámpara de Aladino y pedir que desaparezcan todos en un santiamén, son personas y tienen derechos.
El gobierno ha sido lento, pero no sabemos si otro hubiera sido más rápido. A los habitantes de Ceuta les mandamos nuestro afecto y pedimos a las instituciones que apresuren las soluciones. La crisis de Ceuta ha demostrado que es más fácil agrupar en torno a un lema la explosión de malestar que dar solución a las causas que hicieron que una estampida humana huyera de Marruecos hacia la primera frontera con Europa que es Ceuta, es decir, España. Además de ‘Ceuta se defiende’ no he escuchado ningún remedio alternativo.
Estos días la discusión se sitúa en torno a la convicción que tenemos la mayoría de españoles de que Marruecos está detrás de esta extraña invasión, aunque el 90% hayan regresado. Los indicios apuntan a ello y los precedentes también. El presidente del Gobierno ha insistido en el Congreso que entiende nuestra sospecha pero que, un presidente sin pruebas claras no puede acusar a nadie, pero que si las obtiene cambiará el tono de las relaciones con Marruecos. Como estoy segura de que más pronto que tarde se sabrá toda la verdad me mantengo expectante. No porque crea, como Abascal y Feijóo, que los servicios de inteligencia marroquíes algo saben del ‘traidor’ Pedro Sánchez sino porque es muy extraño que en la Fiesta del Trono de Mohamed VI, una multitud de jóvenes que son el futuro de cualquier país, huyeran engañados y sumaran casi 150 muertos en el mar. Los que llegaron no eran invasores, eran pobres. Entre ellos muchos niños y mujeres que quieren vivir mejor. No olvidar que Marruecos tiene una renta per cápita diez veces menor que la media española, mientras su Rey vive en la opulencia y el despilfarro. No creo que sea ésta una buena propaganda para la imagen de Marruecos por muy aliado que sea de Trump y de Netanyahu.
Yo me apunto a la hipótesis de algunos analistas que mantienen que quienes han planeado esta operación de desestabilización de España nos conocen muy bien, sabían que reaccionaríamos peleando entre nosotros. Nuestra sociedad está muy dividida y tensionada políticamente y eso nos debilita como país. Las manifestaciones de apoyo a Ceuta han sido casi todas pacíficas, pero también han sido territorio abonado para dar rienda suelta al odio y al insulto despiadado. Veremos.