La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) ha ganado en la región de Sajonia-Anhalt con el 44% de los votos. La elevada participación, el 78%, significa que la gente no se quedó en casa. Casi 6 de cada 10 obreros (59%) votaron al partido de sintonía neonazi, en un territorio que añora la influencia de la Unión Soviética. Siguen mirando a Rusia con amor y quieren que el ruso vuelva a las escuelas como en la antigua RDA. Es irrefutable que el fascismo de siempre, con rostro renovado y mensajes seductores, recorre Europa. “Hemos hecho historia”, dijo Ulrich Seigmund. Y así es, porque el neofascismo avanza cuando la mayoría olvida la historia. Llegar al poder con métodos democráticos, pero destruir la democracia fue siempre la aspiración de todos los fascismos. Volvemos a los años treinta del descontento y la depresión colectiva, pero con más medios de control de la opinión pública. Hoy lo saben todo de nosotros, lo que comemos, lo que nos divierte, lo que nos disgusta y lo que nos da miedo. ¿Quiénes son? Los que siempre controlaron el poder económico y ahora también la tecnología y la ciencia.
No es un secreto que el billonario norteamericano Elon Musk ya apoyó, hace dos años, al partido neonazi AfD como el único que salvaría a Alemania y ahora se felicita por su éxito. También Trump, que no sabrá ni situar en el mapa a Sajonia, siguió el domingo el escrutinio, porque los ultras europeos son el ariete para hacer realidad su ambicioso plan de destruir la vieja Europa desde dentro. Están ganando desde el momento en que los partidos tradicionales imitan su discurso. Ceuta es un aviso. Vamos camino de vivir el desplome de la Unión Europea porque su división interna la hace vulnerable. Si no reacciona, implosionará desde dentro. Los ultras tienen poderosos amigos, además del apoyo económico de todos los Elon Musk del mundo, y cuentan con la ayuda de Putin, Trump y Netanyahu, un triángulo geométricamente perfecto para ser inscrito en el círculo del poder máximo.
Destruida Europa, el siguiente paso es acabar con la democracia. Ya han conseguido que, entre los más jóvenes, que son el futuro, triunfe la idea de que no importa perder algo de democracia y libertad por un poco de mano dura contra todo aquello que tememos e incluso odiamos, ya sea el inmigrante, el homosexual o el que no piensa igual. Los demócratas deben despertar y ofrecer esperanzas que curen los miedos de la gente. Advertir que viene el lobo es en vano, el lobo vive entre nosotros y está envalentonado. Se arenga a cazar inmigrantes, se amedrenta a periodistas, se insulta a homosexuales o se llama hijodeputa al presidente. Estamos a punto de que el insulto y el odio deriven en violencia. Así comenzó todo en los años treinta. “Todo conflicto empieza con la palabra”, advierte el escritor griego Theodor Kallifatides, emigrado a Suecia. A sus 88 años, confiesa estar asustado “nunca había sido tan consciente como ahora de vivir una etapa de preparación bélica tan frenética como la actual”.