No sé adónde vamos a llegar, pero presiento que a nada bueno. Cantaba Labordeta aquello de «habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra, que ponga libertad». Aquellos eran tiempos de esperanza, porque hoy, al levantar la vista sólo vemos desesperanza, decepción y, digámoslo claro, una explosión de crueldad. Quienes se empeñaron en convertir la sede de la soberanía popular en un circo lo han conseguido. No es una metáfora, es un hecho. Algunos diputados ensayan el numerito que van a montar en el hemiciclo, otros improvisan y otros sobrepasan todo lo tolerable en fondo y forma. Los insultos, las barbaridades, las mentiras flagrantes y la falta de respeto son tan habituales que, al haberse normalizado, pasan desapercibidas. Eso ha llevado a algunas de sus señorías a sacar los pies del tiesto para asombrarnos. Las sesiones parlamentarias dan grima y, por qué no decirlo, pena y decepción al ver el nivel barriobajero que gastan muchas de sus señorías. Sólo se salvan los muditos, que también existen, sólo votan y aplauden con disciplina.
En este ambiente tabernario nadie espera debates inteligentes, argumentos sólidos ni oratoria deslumbrante. El fin es llamar la atención con el exabrupto más exagerado o la performance más impactante con el fin de petar las redes sociales y los informativos. Así que la nueva gran estrella del PP, a juzgar por los aplausos de su grupo, es Ana Vázquez, diputada por Orense desde el año 2000. Ella no es una novata, lleva toda una vida en el Congreso y el miércoles para salir en los telediarios desplegó todas sus armas, no dialécticas que eso ya no se lleva en el circo en el que actúa, sino una de verdad, un aerosol de gas pimienta, algo muy novedoso en el lugar donde la inteligencia y la palabra eran, antaño, las únicas armas permitidas. Auguro un gran futuro a esta nueva funambulista del circo parlamentario. Ana Vázquez ha declarado, sin propósito alguno de enmienda, que su expulsión del hemiciclo era un exceso más de esta banda de matones que nos gobierna porque su propósito era defender a las mujeres ceutíes sacando un arma en el Congreso. El mensaje que otros han deducido es que si están en riesgo deben defenderse como sea de lo que sea.
Con el tema de Ceuta, algunos han dividido el país entre buenos españoles patriotas y malos españoles que se alían con invasores. En ese ambiente campan a sus anchas quienes compran una bandera en los chinos y envueltos en ella se manifiestan por la evidente españolidad de Ceuta y así justifican agredir a una diputada ceutí y a abogados de oenegés a los que acusan de malos españoles. Si uno exhibe la bandera de España ya tiene razón y razones para dar patadas o romper las lunas de un coche amedrentando a los traidores. En esta dictadura en la que dicen que vivimos quienes añoran y elogian una auténtica dictadura, que otros vivieron y ellos no conocieron, creen que el enfrentamiento y el odio son mejores armas que la cordura y el entendimiento. Miedo, da miedo.