Es tronchante. Desternillante. Hilarante comprobar que los que han ignorado a los ciudadanos y sus cuitas durante casi cuatro años, ahora se afanan sin descanso en proponer (y prometer) novedades que supuestamente nos harán la vida más cómoda. La pregunta del millón es dónde han estado estas propuestas todo este tiempo y dónde quedaron las realizadas hace cuatro años, que las hubo, y muchas.
Culpar a la recesión, a la crisis, al déficit, a la deuda, a la inestabilidad… ya no sirve; de hecho, nunca ha servido, aunque ellos no hayan querido verlo. Pero con las elecciones cerca (bendita casualidad), ¡oh, sorpresa!, ahora todos saben lo que tienen que hacer para que el país, la región o la ciudad prospere. Por un sospechoso ‘milagro’, se han vuelto todos clarividentes, tanto los que gobiernan como los aspirantes.
En cuatro años, durísimos para muchos, nadie se ha preocupado por preguntarnos a los ciudadanos si nos parecía bien o no lo que iban haciendo. Daba igual. El puesto estaba asegurado, tanto en el poder como en la cómoda poltrona de la oposición.
Pero, amigos, eso cambia en tan sólo cuatro años. Y las sillas empiezan a tambalearse. Por eso, ahora nos bombardean con ideas, muchas descabelladas e irrealizables, sobre lo que harán cuando el 24 de mayo sea pretérito. Unos y otros juegan con la regla de la escasa memoria histórica que nos atribuyen, junto con la consideración de que somos simplemente idiotas y que no nos enteramos de nada.
Aunque estas circunstancias se repiten cada cuatro años, es recomendable que el ciudadano no las eche en el saco del olvido. Al menos, una vez cada cuatro años. Como hacen ellos.