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Nuria Alonso

Esfera de cristal

In-seguros

Para este nuevo ejercicio sólo tengo un deseo: que nadie tenga ningún percance ni contratiempo por el que necesite recurrir a un seguro.

Y es que reclamar a un seguro es una de las peores tareas con las que lidiar. Da igual que el seguro garantice una cobertura u otra, que esté referenciado al hogar, al automóvil o a la salud, que pague más o menos prima (¡gran denominación!). Todo es lo mismo. Si usted tiene que reclamar por algún accidente o adversidad, lo único que tendrá por seguro es la desesperación.

Son expertas las aseguradoras en gastarse millones en publicidad glosando las bondades de sus coberturas, incluyendo reclamos famosos y soniquetes pegadizos. Pero cuando salta ese momento indeseado de dar parte por un desconchón en el coche o por una inundación en casa, son esas mismas aseguradoras las que se olvidan por completo del cliente que ha pagado religiosamente la prima(da). Prácticamente lo marginan y lo abandonan a su suerte.

Ese insoportable cruce de brazos bordea lo inhumano: para dar el aviso obligan a superar una centralita automática, varios operadores humanos y cinco o seis musiquillas de espera. Y cuando, por fin, alguien se digna en responder al teléfono, la contestación más habitual saca de quicio al más paciente: «No lo cubrimos», «no entra en su póliza», «es que tiene usted que…», «no funcionamos así…» o un reguero semejante de excusas interminables.

Para más recochineo, se escudan en que cumplen la ley. Y no hay más que hablar. Ya es el momento de que se revierta esa indignante indefensión del ciudadano y que los seguros cumplan con su cometido. Con todas las garantías.

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Sobre el autor

Es periodista de Diario LA RIOJA desde el 2004. Ha cubierto información local, deportiva y cultural. En la actualidad es editora de la sección de Culturas y Sociedad y Edición.


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