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Marcelino Izquierdo

Historias Riojanas

Cuando Oyón, Tudela, Laguardia, Belorado o Tarazona eran La Rioja

 

La primera provincia de Logroño, nacida en el año 1822, incluía algunas localidades de Burgos, Álava, Soria, Navarra y Zaragoza

 

Aprovechando el aire fresco que se respiraba en España durante el denominado Trienio Liberal (1820-1823), La Rioja se constituyó por primera vez en provincia con personalidad política y territorio propios, colmando así una reivindicación histórica.

El 15 de octubre de 1821, las Cortes designadas bajo la Constitución de Cádiz acordaron que las comarcas riojanas conformaran una de las provincias del Reino de España. Todo ello se concretó en el decreto de 27 de enero de 1822, por el que se aprobaba la división administrativa del país en 52 circunscripciones, una de las cuales correspondía a Logroño.

La primera provincia logroñesa gozaba de unos límites superiores a los actuales, pues incluía localidades de la Riojilla Burgalesa (actual provincia de Burgos), municipios del norte de Soria, la práctica totalidad de la Rioja Alavesa, un tercio de la comarca de Tudela y otros enclaves del sur navarro. Durante más de veinte meses, además de los municipios adscritos a la actual Comunidad Autónoma de La Rioja, la provincia de Logroño incluía también, entre otros, Labastida, Elciego, Laguardia, Oyón, Viana, Aras, Bargota, Corella, Cintruénigo, Tudela, Fitero, Cascante, Murchante, Tarazona, Ágreda, San Pedro Manrique, Yanguas, Montenegro de Cameros, Neila, Pradoluengo, Redecilla del Camino o Belorado.

«Juguete de la ignorancia»

No es extraño, pues, que en una ‘representación’ elaborada en 1813 para las Cortes de Cádiz, el político riojano Nicolás Alonso de Tejada ya apuntara los confines de la provincia: «(La Rioja) Sólo quiere lo que se la debe de justicia. Quiere la libertad, quiere salir del estado de pupilo y no ser por más tiempo el juguete de la ignorancia y del desprecio de sus antiguos tutores. Navarra, Álava, Burgos y Soria, que la circunvalan, se han disputado en diferentes edades a quién de ellas tomaría más parte para enriquecerse».

Abundaba Alonso de Tejada en su delimitación territorial: «Las cordilleras que desde montes de Oca al Aragón ciñen esta Rioxa, dan paso cerca de la villa de Haro al magestuoso Ebro, el cual recibe en su seno el Tirón, Hoxa, Naxerilla, Yregua, Cidacos, con otros de menor nombradía».

Y concluía la ‘representación’ con este bello párrafo: «En una palabra, tengo suelo sano y rico, soy poderosa; estoy grandemente poblada; puedo valer quatro veces más; pero venga mi nombre, pues que soy y debo llamarme probincia, sin que me desgarren las cenizas de Numancia, los bosques y llanuras de Burgos, ni la cándida Álava. La Rioxa descansa sobre sí misma»

Vuelve el absolutismo

Pero la felicidad provincianista riojana duró poco más de año y medio, pues la Santa Alianza, con sus Cien Mil Hijos de San Luis, devolvió el poder absoluto a Fernando VII, que el 1 de octubre de 1823 abolió cuantas normas jurídicas habían sido aprobadas durante los tres años de gobierno liberal.

Ya no sería hasta 1833, tras la muerte del rey más nefasto de la Historia de España, cuando la nueva división provincial liberal, obra de Javier de Burgos, devolvió el carácter jurídico y político a la provincia de Logroño dentro de Castilla La Vieja. Incluso, una Real Orden de 14 de septiembre de 1836 restauraba los límites geográficos riojanos, tal y como habían sido establecidos en 1822, a lo que se resistieron la mayoría de los municipios burgaleses, sorianos, alaveses y navarros.

Concluida la I Guerra Carlista, cuando Baldomero Espartero ejercía como regente de España, el Gobierno aprobó un decreto de 12 de octubre por el que restablecía los límites de la provincia. La idea del duque de la Victoria no era sino la de potenciar una región en alza –sobre todo su capital–, no sólo a través de la territorialidad sino, también, trasladando a Logroño organismos judiciales y políticos desde Pamplona o Burgos.

Pero el rechazo de las autoridades progresistas de las provincias limítrofes desarmó las reivindicaciones de Espartero y del progresismo riojano en general, y La Rioja quedó, definitivamente, con sus actuales dimensiones y estructuras.

Esto, sin embargo, no deja de ser historia y, en absoluto, una reivindicación extemporánea, tan habitual en España.

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Certezas, curiosidades y leyendas del pasado, de la mano de Marcelino Izquierdo

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