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Marcelino Izquierdo

Historias Riojanas

Luis Burgos pinta 'El Cristo Protector' y dona el cuadro a la parroquia de Varea

‘El Cristo Protector’, cuadro del pintor logroñés Luis Burgos, será donado a la Iglesia Parroquial de San Cosme y San Damián de Varea. Se trata de una obra de grandes dimensiones (190×145), que será colocada en el templo y bendecida en la festividad de San Isidro Labrador. El acrílico sobre lienzo fue presentado ayer en la Galería Martínez Glera, donde permanecerá hasta el 14 de mayo.
–¿Cómo surgió la iniciativa de pintar este Cristo del siglo XXI para una iglesia del siglo XV?
–La idea viene de muy atrás. Cuando era niño, yo fui monaguillo de la parroquia de San Cosme y San Damián de Varea y con el párroco, don José Luis, había hablado muchas veces de pintar algo para el templo. Y aquí está, por fin, ‘El Cristo Protector’, que será inaugurado y bendecido coincidiendo con la festividad de San Isidro Labrador, un santo muy unido a un pueblo tan agrícola como éste.
–Que yo sepa, esta es la primera vez que pinta un cuadro religioso, ¿no?
–Pues sí. Alguna vez me había acercado a la simbología cristiana de forma tangencial, pero nunca había pintado una obra íntegramente religiosa. Lo que sí tuve claro desde el primer momento es que éste no iba a ser el típico Cristo, hasta que un día surgió la idea: sería un Cristo muy carnal, elevado más que crucificado, con el rostro y el cuerpo en actitud tranquila; una figura que transmite serenidad y protección.
El pincel y la azada
–¿De qué manera le ha condicionado haber nacido en Varea a la hora de afrontar la obra?
–Ser de Varea no sólo me ha condicionado a la hora de pintar este ‘Cristo Protector’, sino también toda mi vida, mi forma de pensar y de ser. Yo me considero casi más un agricultor que un pintor, aunque utilice el pincel en vez de la azada; estoy muy orgulloso de tener aquí mis raíces, mi vida. Cuantos más lugares conoces, más valoras todo lo que te rodea.
–También el barrio o su pueblo, como le gusta decir, contextualiza ‘El Cristo Protector’…
–¡Claro! La figura es el centro del cuadro, primero porque representa a Cristo, que es el protagonista, y, también, porque soy un pintor con una marcada línea figurativa. Pero el fondo, el contexto, también es fundamental, con las nubes que traen la lluvia que todos los cultivos necesitan, las montañas, el valle, los campos… Es el paisaje que veo todos los días cuando me asomo desde la ventana de mi casa.
–Volvamos a la figura.
–Soy incapaz de plasmar algo en el lienzo si no creo en ello, si no lo siento realmente en mi interior, te tienes que creer lo que estás haciendo. Cuando pinto una bailarina, me pongo el tutú; si es un arlequín, los rombos vuelan en mi imaginación. Con ‘El Cristo Protector’ me ha ocurrido lo mismo; me he acordado de mi abuelo, que también fue monaguillo y aprendió latín en Varea con el anterior cura, de mi familia, de las procesiones que he presenciado desde niño, con las imágenes de San Cosme y San Damián o de San Isidro…

–Usted es un artista inquieto que, pese al arraigo que guarda con su gente, nunca cierra su puerta a nuevas experiencia, a otros países, a otras ciudades.
–Si no lo haces, estás muerto. Actualmente estoy exponiendo en una galería de Londres y en septiembre regreso a Nueva York, una ciudad que cada vez me tiene más  fascinado. Tuve una gran suerte cuando Nueva York se cruzó en mi vida hace unos años.
Nueva York y Ochagavía

–En la Gran Manzana cosechó éxito de crítica y de público.
–Estuve algún tiempo viviendo allí y la verdad es que tengo ganas de volver. Nueva York es una urbe en constante movimiento, en la que hay que estar con los ojos bien abiertos, con los sentidos libres de prejuicios. Mi estancia allí fue muy enriquecedora y, siempre que puedo, vuelvo. Es mi coartada para saltar el charco.

–Aparte de sus exposiciones en Inglaterra y EEUU, ¿en qué nuevos proyectos está metido?
–Ahora mismo estoy trabajando, junto a Enrique Martínez Glera, en un proyecto muy curioso e interesante a través de la obra de Carlos Ochagavía, gran pintor  recientemente fallecido, Premio a las Bellas Artes Riojanas en el 2006 y del que pronto se cumplirá el centenario de su nacimiento. Y digo curioso porque, al igual que yo, Carlos Ochagavía también nació en Varea y era un artista figurativo. Me apetece mucho reinterpretar algunos de sus cuadros y qué mejor compañía que la de Enrique, que es un gran experto en su obra, aparte de  la amistad que les unía.

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Certezas, curiosidades y leyendas del pasado, de la mano de Marcelino Izquierdo

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