Seis décadas han transcurrido desde que la imagen de la Virgen de Valvanera, la patrona de La Rioja, iniciará su última peregrinación por los rincones de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Si en esta ocasión el motivo de la gira se centra en el Año de la Fe y en la conmemoración del Concilio Vaticano II (1962-1965), la celebrada en 1952 no fue sino el preámbulo de la coronación canónica de la imagen, que tuvo lugar en el Espolón logroñés el 15 de octubre de 1954.
Siendo obispo en la Ciudad de los Mártires Fidel García, la peregrinación arrancó el 20 de abril de 1952, con la salida de la imagen del monasterio de Valvanera y primera etapa con meta en Brieva de Cameros, y culminó el 18 de octubre en la capital.
Visitas fuera de La Rioja
Además de atravesar y bendecir a los fieles con su presencia en todas las comarcas de la entonces provincia de Logroño, la talla de la Virgen de Valvanera igualmente traspasó las fronteras regionales para desplazarse a localidades próximas como Viana (Navarra), Miranda de Ebro (Burgos) o Yanguas (Soria).
Tras la multitudinaria peregrinación, todo estaba preparado para la entronización de la patrona, acto oficial que debía tener Logroño como marco y al caudillo como invitado de honor. Pero no estaba el general Franco por la labor de coincidir con el prelado de la diócesis –muy crítico con la dictadura y sus anteriores relaciones con Hitler y Mussolini–, por lo que hubo que esperar a 1954 para don Fidel renunciara, harto ya de la conspiración que el Régimen llevaba años urdiendo contra su persona.
Hubo que esperar dos años, al 15 de octubre de 1954, para que la Virgen fuera por fin coronada canónicamente. Con Fidel García autoexiliado en Oña (Burgos), su sustituto, Abilio del Campo y de la Bárcena, ejerció el papel de anfitrión. El acto principal se celebró en la Concha del Espolón.
Antes, tuvo lugar una solemne procesión para trasladar la imagen desde la todavía entonces colegiata de Santa María de La Redonda –fue declarada concatedral en 1959– hasta el paseo de El Espolón, donde se congregó numeroso público y donde esperaban el jefe del Estado, Francisco Franco, y su esposa, Carmen Polo.
La imagen que se conserva en el monasterio benedictino corresponde a un románico primitivo –finales del siglo XI o inicios del XII–, posiblemente a semejanza de una talla asturiana, pues los ropajes de la Virgen y el Niño son fiel reflejo de la moda que engalanaba a los miembros de la monarquía norteña.