De sus medios de comunicación esperaban en principio “información”. Si la información es veraz y no está sesgada por las directrices políticas u económicas de sus directores o redactores…Miel sobre hojuelas.
Pero la realidad no fue la esperada. Descubrieron que en función de quién pagaba y de cuanto pagaba, el medio de comunicación trataba mejor a una opción política que a otras. Hasta tal punto de llegar a silenciar las noticias que podían molestar a la parte que aportaba el dinero. Lo de menos pasó a ser -precisamente- la información, el derecho de los lectores a estar informados.
No todos los que trabajaban en los medios estaban de acuerdo con esa línea, pero no importaba mucho la opinión de los peones, en un tablero en el que siempre manda el “rey” y sus alfiles.
Cuando los medios de comunicación cruzan la gruesa línea entre informar y manipular -o sesgar interesadamente- determinadas noticias o a determinados generadores de las mismas, se entra directamente en la perversión de la democracia. Dejan de ser “mensajeros” y se convierten en parte interesada. Se crea una indefensión de los ciudadanos, a los cuales se intenta manipular trastocando la realidad. Se lanzan proclamas y generan opiniones fundamentadas en la perversión – o como poco el moldeado interesado- de la realidad objetiva. La censura viene a finalizar un cóctel explosivo. Auténtica ponzoña que día a día envenena la democracia.
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Y ya no soportan más esta situación. Un grupo de ucranianas se ha desnudado -hoy mismo- para protestar contra los medios de comunicación. Han decidido hacerlo en pelotas picadas y contra la prensa ucraniana, a la que acusan de ser parcial, así como de estar vendida al dinero que recibe de determinado partido político – o ámbito de influencia- en forma de publicidad. Eso dicen al menos.
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Les deseo éxito. A ver si consiguen que los medios de comunicación no sean el mayor peligro para la democracia…De Ucrania (claro).