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La mala vida

Muere una persona en un club de alterne de Cenicero

Un hombre falleció en la madrugada, víctima de un ataque al corazón

LOGROÑO Diario LA Rioja 04/11/2001

Quedamos para cerrar un pequeño trato: yo le compraba el coche de segunda mano y él me invitaba a probarlo y también me invitó a echar una cana al aire, dijo, o sea, a celebrarlo con un polvo y unas copas. Era mi primera vez y acepté por la novedad enorme, y por una ansiedad que me ardía.

“A Cenicero nos vamos que hay un puticlub fetén, verás qué chavalas, todas desengañadas del Comunismo”, me dijo, o sea del Este de Europa. Se las conocía a todas nada más verlas. Le trataban por el apodo, como de familia: “Curro que ayer nos fallaste”, “Currito preséntanos a tu amigo”. Y él, las presentaba: “Aquí Irina, alta y blanca; ésta es Nicoleta, morenaza y experta; Danila viene luego, verás qué mujer…”, y luego me enseñaba el inmueble como un afable inmobiliario. “El sitio es discreto, y limpio, a mí la pulcritud es lo que más me llama”. “Sí, sí, la pulcritud” pensaba yo.

Al rato llego al ámbito del club la esperada Daniela, de altura infinita, de tacones infinitos, de piernas infinitas y de escote grandioso. Todos los infinitos seductores los descubrió cuando quitó su abrigo largo, como quien descubre el telón del teatro Real, y Daniela tomó del bracete a Curro y se lo llevó al placer: “Ven caguiño mío”.

Mi amiguete Curro subió con la tal Daniela a una habitación reservada para desarrollar lo que Curro quería desarrollar con Daniela, pero en esa alcoba el bueno de Curro, bien por alguna impresión, por otro lado muy esperada, o por que tenía el colesterol por las nubes, pasó de la euforia precoital a un mutismo preagónico: Daniela gritó: “Muegue, se muegue”. A su cliente se le cambió el color, barbotó ¡oh, oh¡ y en dos espasmos se cayó al suelo, volvió los ojos y dejó de respirar. Un auténtico “coitus interruptus” en sentido vital. La chica salió del cuarto espantada. Solo alcanzaba a decir “Muegto, está muegto”, mientras se cubría con el abrigo sensual sus curvas más sensuales aún.

Yo no entendía nada, no sabía donde meterme, estaba horrorizado, la farra se me caía encima. Subí al reservado, pobre Curro, allí estaba mirando al techo. Olía a jabón de gel y menta.

Lo ocurrido lo contaron los periódicos discretamente: “Los hechos se produjeron en la noche del viernes al sábado en una de las habitaciones del establecimiento que se ubica a la altura del kilómetro 432 de la carretera N-232.Una persona se sintió entonces indispuesta, por lo cual acudió al lugar una UVI móvil, cuyo personal intentó reanimarla, no pudiendo hacer nada por salvar su vida. Acto seguido, la autoridad judicial llegó al lugar para ordenar el levantamiento del cadáver y su traslado al tanatorio”. La ventaja es que Curro no tuvo que dar explicaciones, y yo, testigo de cargo y cómplice moral, quería desaparecer del escenario del suceso, quería pasar de la mala vida de la noche y el pecado, al dulce asiento casero mirando la televisión.

Pero no, a mi señora esposa se lo confesé todo, todo menos cómo recuerdo el aspecto de Daniela.

Memoria de los sucesos publicados en Diario La Rioja en los últimos siglos

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