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Jorge Alacid

Línea de puntos

Logroño tuvo que ser

 

Álvaro Lapuerta, con afiliados de Alianza Popular, en los años 70 en Logroño. Foto Teo (Archivo Casa de la Imagen)

 

Aprendí gracias a mis mayores en este oficio que, según me contaban, Álvaro Lapuerta lo fue (casi) todo en el PP de La Rioja. Prácticamente se lo inventó. Más precisamente: se inventó la vieja Alianza Popular, donde se encuentran las raíces de todo lo que vino después. Con sus luces y sus sombras. Como tantos dirigentes de su generación, saltó de ocupar cargos públicos con el franquismo a desempeñarse en la naciente democracia a través del vehículo creado para semejante ocasión por su patrón, Manuel Fraga. Movido por la lealtad al líder histórico de la derecha española, Lapuerta sacó de la (casi) nada la versión riojana de la antigua AP. Para lo cual, según relatan de nuevo mis antepasados en esta casa, debió patearse la desaparecida provincia de Logroño, aprovechando los contactos que atesoraba desde su condición de jefe máximo de la política local como procurador en aquellas Cortes que se acababan de someter al famoso harakiri.

La vida, que es pródiga en azares, quiso que la desaparición de quien lo fue (casi) todo en el PP coincidiera con una semana bien enojosa para los designios de Génova. Fue irse Mariano Rajoy de Moncloa, luego del desdichado fallo judicial por el caso Gürtel, y fallecer acto seguido Lapuerta. A quien su partido, donde hizo (casi) de todo, despidió como suele ser norma en España: con un abrumador silencio. No busque el improbable lector un triste comunicado del PP. Ni una modesta esquela de su partido. Nada. Así en La Rioja como en Madrid, su muerte no mereció de quienes alguna deuda mantendrían con Lapuerta apenas un recordatorio de urgencia. Unos apresurados párrafos donde se tuviera el detalle elegante de condensar sus merecimientos en favor de las siglas que contribuyó a levantar. Que alguno tendría. Sólo Neftalí Isasi se acordó de glosar al desaparecido político en las páginas de Diario LA RIOJA. Del resto de hombres y mujeres del PP riojano apenas nada se supo, con un par de salvedades: dos consejeros del Gobierno riojano (Martín y Escobar) sí se acercaron hasta El Rasillo el domingo para participar en sus honras fúnebres, junto al citado Isasi.

Lo cual puede parecer raro, si no fuera lo normal. Lo normal es apartarse de quienes entre nosotros hayan visto manchada su trayectoria, como si de repente fueran apestados: no vaya a ser que salpiquen con su sombra a quienes tanto les deben. Que son los primeros en salir huyendo y si te he visto… Etcétera. Como jamás traté en vida a Lapuerta, y por lo tanto (casi) todo lo ignoro de él, ni puedo ni debo abandonarme a glosar su vida y milagros. Aconsejo a quien tenga algún interés que haga como yo y se detenga ante un estupendo artículo de Ignacio Escolar en eldiario.es, donde el periodista madrileño repasa los últimos años del dirigente fallecido, en términos por cierto bastante elogiosos: ahí ya se observa que la conducta de su partido respecto a Lapuerta dejó bastante que desear. Y donde también se cita, en esta coalición de azares que se dieron cita en las últimas horas del antiguo tesorero del PP, el papel central que jugó Logroño en la historia reciente del partido.

Porque fue desde luego una casualidad que Lapuerta aterrizara un día en la capital riojana para ejercer como abogado del Estado. La misma ciudad donde le tocó ejercer de anfitrión, pasados los años, de José María Aznar, nada menos: el dios de la política había jugado a los dados y también plaza como inspector de Hacienda. La mano de Lapuerta condujo a Aznar hasta la sede del PP y le abrió también las puertas de esta casa, donde se prodigó como articulista allá en la Transición, cuando ocupaba la secretaría general del partido Jorge Vestrynge. Quien por cierto acabaría también vinculado a La Rioja, esponsales mediante. Lapuerta y Aznar acabarían marchando a Madrid, aunque nunca perdieron su relación con La Rioja. Lo demuestran las páginas de este periódico, que el domingo publicaron la esquela que anunciaba el funeral que en memoria del antiguo diputado riojano por AP se ofició este miércoles en una iglesia del madrileño barrio de Chamartín. Hace unos años, hubiera habido besamanos multitudinario. Ahora, quién sabe…

Así que como sospecho que se olvidarán de asistir los mismos que obviaron mandar sus condolencias a través de la nota de prensa de rigor, valgan estas líneas como despedida de alguien que no conoció al difunto pero todavía se sigue asombrando por la falta de humanidad que tanto abunda entre nosotros.

No sólo, ay, entre políticos.

Un repaso a la actividad política de La Rioja (y resto del Mundo)

Sobre el autor

Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.


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