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Jorge Alacid

Línea de puntos

Religión y política en La Rioja contemporánea

Natalia Rodríguez, diputada de Podemos, antes de iniciarse el último pleno del Parlamento de La Rioja. Foto de Díaz Uriel.

 

Quiso el azar que la diputada de Podemos Ana Carmen Sainz interrogase ayer al Gobierno sobre la extensión del concepto de laicidad en la vida pública mientras las balas de fuego amigo silbaban a su alrededor, implicada como está en la última guerra religiosa que protagoniza la izquierda riojana. La ideología es en realidad el genuino opio del pueblo. Ha relevado en esa condición a la religión desde que los partidos transformaron a sus afiliados en feligreses. A quienes exige cada día un acto de fe. El dogmatismo es la nueva política.

De modo que Sainz se compinchó con Juan Calvo y Germán Cantabrana para suministrar a Natalia Rodríguez la misma cariñosa dosis de luz de gas que desde la dirección de Podemos se regala a los tres diputados a quienes juzga alejados del catecismo del buen militante. Rodríguez respondió al ninguneo de sus compañeros con una exhibición de lenguaje no verbal. Vestida de morado intenso, ignoró con la mirada al trío de supuestos tránsfugas que le dedicaron un desprecio análogo y se ausentó en cuanto pudo de la butaca: nada de cuanto tuvieran que decir sus conmilitantes le interesaba. Ceño fruncido frente a las sonrisas que se dirigían entre sí los miembros del terceto desafecto. La vieja liturgia, esas risitas que compartíamos en el patio del colegio cuando decidíamos aislar a quien se apartaba del clan. De la tribu. De la parroquia.

Será que tampoco hemos avanzado tanto. La izquierda que venía a mejorar la calidad democrática se comporta más o menos como quienes perseguían a los primeros cristianos en la Antigüedad. Hechicerismo, piras en la plaza pública (hoy, las redes sociales) y resto de parafernalia, incluyendo la infabilidad del sumo sacerdote y la condena a las tinieblas exteriores del discrepante, hereje máximo. No, casi nada cambia. Lo cual es por otro lado muy coherente con esa idea del eterno retorno que impera en la política riojana, donde todo se mueve para que todo siga igual.

Lo prueba que vuelven los 90. Algunos protagonistas de esa década se resisten a alejarse de los focos, como bien se percibe en el PP y en el Gobierno, pródigos en integrantes del ala senior, de Ceniceros a Cuevas pasando por Escobar o Martín, por no mencionar a Sanz, Vadillo o Arruga. Sí, vuelven aquellos maravillosos años en que las páginas de este periódico concedían alta relevancia a Arenilla, Revuelta o Pérez Sáenz, otra vez de actualidad todos ellos por razones muy variadas. O a Pablo Santaolalla y César Ortega, antiguos ediles del Logroño de entonces, que acuden al Parlamento a conferenciar con sus pares del PP, ahora que su partido quiere parecerse tanto al triunfal PSOE que le da por organizar primarias en medio del navajeo interno según la misma lógica que hasta hoy capitalizaban las filas socialistas.

Y puesto que en el escenario no se divisan grandes novedades, deben buscarse entre las bambalinas del Parlamento, por donde deambulan los recién contratados que llegan para demostrar que la nueva política tal vez no sea tan nueva pero desde luego es más cara. Y sorprendente. Puedes convertirte en asesor cuando hace apenas diez minutos militabas en la facción nini de nuestra sociedad. Milagroso, en efecto. Lo propio de cuando reina la política como alternativa a la religión, auténtica aspiración de la nueva religión morada: erigirse en la única fe posible. La del converso, a quien antes se pasea por el Gulag contemporáneo, como una moderna Inquisición. Que también exige su Zugarramurdi. La vieja izquierda. La izquierda que bosteza y hace bostezar.

Un repaso a la actividad política de La Rioja (y resto del Mundo)

Sobre el autor

Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.