Blogs

Jorge Alacid

Línea de puntos

Perder la inocencia

Gamarra y Ceniceros, el viernes en el acto del PP en Logroño. Foto de Juan Marín

 

Como avisan los magos de las redes sociales, dos noticias se entienden mejor interpretadas en cadena que leídas por separado. Quien el jueves abriera este periódico por la página donde se anunciaban las discrepancias profundas en el PP para la elección de sus candidatos, debería haber pasado antes por las otras dos páginas que detallaban el mejorable aspecto que luce la economía riojana en los últimos años: un trienio creciendo por debajo de la media nacional. De lo cual alguna culpa tendrán los responsables del Palacete, que han perdido un tiempo precioso (como alguno de ellos acepta en voz baja) entretenidos con las turbulencias internas de su partido mientras preparaban el congreso de investidura de José Ignacio Ceniceros y dedicados a continuación a prestar una atención exagerada para que a la corriente perdedora en Riojafórum no se le olvidara eso cada día: que había perdido. Y por si faltaba algún dato para confirmar que la gestión del proceso de designación de candidatos no superaría la prueba de ningún auditor externo, puede valer las sonrisas que estos días exhiben sus principales adversarios: mientras por el PP hacen recuento de bajas, en el PSOE se parapetan detrás de las buenas noticias que para sus intereses llegan desde Moncloa, desde la subida de las pensiones a las mejoras para los autónomos. Aunque nada tan divertido para ellos como esta función orquestada desde el PP.

Pero no sólo sonríen los socialistas. En todo el arco político que limita con el PP, del PR+ a Ciudadanos (incluyendo a Vox: sí, a Vox, los nuevos amigos de PP y Ciudadanos) se ha analizado esta descabellada semana de los populares con esa misma cara de satisfacción que se le pone al españolito medio cuando al vecino se le llena la casa de goteras. El risueño semblante de quien imagina a Ceniceros y Pablo Casado encerrados en Los Agustinos de Haro en plan ‘First Dates’, con María Martín de improvisada carabina vigilando que nadie se sobrepase y con Javier Maroto llamado de urgencia como un Carlos Sobera de ocasión, animando a lo contrario: a que fluyera la química entre la pareja, con Cuca Gamarra al otro lado del móvil. Una comedia para sus rivales, pero una tragedia para el afiliado tipo del PP, demasiado acostumbrado a la aburrida normalidad de los días de mayoría absoluta, cuando nunca pasaba nada. Los días que ya no volverán.

Porque el 28 de diciembre del 2018 representará muy adecuadamente para ese modélico militante que tanto añora el tiempo de la rutinaria gestión propia de Pedro Sanz la pérdida de la inocencia. De repente, ayer vio ante sus asombrados ojos que era verdad cuanto recordaba el ala senior del partido: la tendencia a desangrarse en una hemorragia que parece interminable. Esa sangría interna que no precisa de ayuda exterior: las familias que componen el partido se bastan por sí solas para dar este espectáculo de división que sólo las almas más ingenuas pensarán que cesó con la proclamación definitiva de los principales candidatos. En realidad, la fiesta para sus rivales no ha hecho más que empezar: llega el momento de elaborar las listas. Donde se observará si, como reclama Génova, al PP riojano le da un ataque de grandeza y procura la integración que jamás llegó tras el congreso de Riojafórum.

Que es donde en realidad sigue atrapado el partido. Ni los ganadores ni mucho menos los derrotados han digerido aquel resultado, para asombro de la militancia que lleva una semana frotándose los ojos, haciendo buena la frase con que un veterano saludaba el jueves el folletín de Haro: «Tanto lío, ¿para esto?». O compartiendo el resumen que firmaba otro afiliado de primera hora: «Más torpes, imposible». Por una vez, su dictamen coincide con el que firmarían por Martínez Zaporta, donde ayer era muy visible un divertido asombro imaginando a Pablo Casado, superlíder del partido, convertido en bombero de urgencia para sofocar el fuego desatado en la organización más pequeña del PP español. Que ayer se sometió a una feroz sesión de psicoanálisis. O de espiritismo. Lo habitual cuando prende la improvisación (ese territorio lindante con la chapuza) y debe reprogramarse a la carrera el orden del día siguiente, para despejar las horas vecinas al mediodía y movilizar a las masas procurando que exhiban un nivel de fingido triunfalismo acorde con un anuncio de semejante calado. Entusiasmo del que carece cada militante en su yo más profundo, reflejado en las contenidas ovaciones que siguieron a cada intervención. Tan contenidas como la ilusión que ha abandonado estas siglas, enredadas desde hace tres años en los líos internos que tanto castigaron antaño a sus rivales socialistas. El PP parece el nuevo PSOE: hasta tiene ya en Andalucía su propio Gobierno ‘Frankestein’ y su pacto entre perdedores. Y como ocurría con aquel PSOE, no le importa exhibir su cisma en público. Con sus candidatos precisando la ayuda de Génova hasta para compartir estrado donde prometerse lealtad mutua… Con Casado en plan maestro de escuela riñendo a los revoltosos de la clase… Y con la alcaldesa proclamando a Logroño como ciudad «astuta y audaz».

Como si estuviera hablando de ella.

Un repaso a la actividad política de La Rioja (y resto del Mundo)

Sobre el autor

Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.


Contenido Patrocinado