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	<title>Logroño en sus baresbares &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Días sin bares</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2020 19:14:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Viernes, 13. Mala fecha. Inolvidable. El Gobierno acaba de sugerir que <strong>los bares, mejor cerrados.</strong> Drama general. También para el improbable lector. También para mí. Cuando salgo de trabajar, entrada la noche, observo sin embargo que unos cuantos locales se saltan la recomendación. Son una minoría, pero llamativa. Los que recorro con la mirada camino de casa están más que vacíos, mustios. De manera que es inevitable que los parroquianos que habitan su interior guarden las distancias físicas entre uno y otro que recetan las autoridades sanitarias, aunque hay excepciones. Lamentables excepciones. Cuando me apalanco en el sofá y enchufo el ordenador, la hermandad de las redes sociales ya ha emprendido la caza y captura de los infieles: un listado de bares al que sumo mentalmente los que acabo de anotar. Contra quienes prometo perpetrar mi incruenta venganza. No volveré a frecuentarlos.</p>
<p>El sábado de buena mañana, otro tanto. Unos cuantos locales ignoran la invitación a cerrar y también <strong>los voy retirando de mi carné de baile,</strong> aunque otros que la noche anterior permanecían abiertos esta mañana ya tienen las persianas bajadas. Cuando esa tarde se decrete el estado de alarma, y de la recomendación se pase a la prohibición, ya no habrá más debate ni quien pueda ignorar la orden, que vale para todos. Aunque debe anotarse aquí que me llegó puntual noticia de un inconsciente que persistió en mantener la actividad, medio de tapadillo. Pero fue descubierto por el vecindario, puesto su caso en conocimiento de las autoridades policiales y obligado a cerrar, espero que multa mediante. El resto, los que el día anterior tenían sus puertas abiertas y los que ese sábado aún resistían a primera hora, obedecieron la consigna. Y se obró el milagro. Todos los bares de Logroño estaban cerrados.</p>
<p>¿Todos? Un momento. Todos no. Ese sábado por la noche, de regreso a casa antes de someterme un par de días después a los rigores del teletrabajo que ya había despoblando de redactores esta casa, tropecé con una luz encendida. Era <strong>un bar del parque del Carmen</strong>, que no citaré. Tenía la verja echada, pero en su interior una dama pelaba la pava con un galán, solos con sus cuitas bajo una bombilla, cada cual con su botellín. La escena me conmovió. Parecía el cuadro célebre de <strong>Hopper</strong>, un encuadre mal iluminado en cuyo fondo sucedía el prodigio que siempre aspiramos a descubrir cuando visitamos nuestras barras predilectas. La vida, versión imperfecta. Creo que no hay otra.</p>
<p>Lo comprabamos estos días, estos extraños días. Días sin bares, un vacío doloroso para la parroquia conspicua pero sobre todo para quienes todavía (¡Todavía!) mantienen el hábito de visitarlos cada día, a veces a razón de doble dosis diaria: <strong>un par de vinos</strong> antes de comer, otra ronda preludiando el regreso a casa por la noche. Los adictos al <strong>cafelito</strong>, que pueden tirarse una mañana dando la vuelta al azucarillo del cortado. O las damas que estiran también la consumición mientras hilan la hebra o juegan a los naipes (vale también el dominó). Porque entre nosotros se trata de un hábito que tiene más de social que de hostelero. El bar, ya se sabe, contribuye a socializar la vida y su ausencia deja un espacio clamoroso por lo huérfanos de voces humanas que se quedan allí donde es más necesario. En La Rioja interior, por ejemplo, donde ejerce de club social. Y también en Logroño. Pienso sobre todo, con el ánimo encogido, en todos esos abuelitos para quienes la ronda diaria (o la doble ronda diaria, que los hay recalcitrantes) representa un fugaz motivo de alegría y confraternización como tal vez no encuentren otro en el otoño de sus vidas.</p>
<p>Así que derramo una imaginaria (o tal vez no tan imaginaria) lágrima por todos ellos, pero no quiero que el desánimo colonice estas líneas. Habrá tiempo de volver a ser felices en las barras que tanta dicha nos procuran, celebrar la vida no al amor de una mortecina bombilla sino saboreándola, entre <strong>deliciosos tragos y sugerentes bocados.</strong> Saldremos de la cuarentena, supongo, mejor dotados para afrontar nuestras rutinas porque (también lo supongo) durante el cautiverio habremos sabido valorar lo que de verdad merece la vida y lo que resulta insustancial, aunque le concedamos la importancia de lo que carece. Y entre esos relámpagos de luz que nos reaniman, pocos tan adictivos como esa ingrávida sensación de acudir al reclamo de la llamada de quienes nos esperan en los locales de confianza. Camareros pero también magos. Terapeutas, hechiceros y confesores. Que han sufrido como pocos sectores el embate del bichito infausto y a quienes debemos recompensar como merecen. Liquidando sus bodegas en cuanto esta crisis sea un recuerdo y también todas sus provisiones.</p>
<p>Bebiéndonos la vida.</p>
<p>P. D. Puesto que los bares cerraron, no quedó otro remedio que pertrecharnos de los ricos néctares que custodia la bodega domiciliaria, que hace una semana presentaba mejor aspecto, la verdad. Van cayendo las botellas de Rioja mediante una sensata dosis, pero también contumaz. Al fondo del botellero, duermen las menos atractivas. Son las que, si dura mucho este cautiverio, dentro de algunas tardes nos parecerán unas diosas.</p>
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		<title>Bares, más o menos</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Dec 2019 17:03:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/12/foto-bar-ocon.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1439" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/12/foto-bar-ocon.jpg" alt="" width="600" height="900" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/12/foto-bar-ocon.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/12/foto-bar-ocon-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una reciente información habrá encogido el corazón a quienes perpetran, como es propio de este espacio, nuestro pasatiempo favorito: ir de bares. Resulta que cada vez hay menos. Bastantes menos. Desde el 2010, han caído por el camino <a href="https://www.larioja.com/la-rioja/rioja-sigue-cerrando-20191206203224-nt.html">200 establecimientos en toda La Rioja</a>. Se trata de un dato extraído de la estadística recopilada por el instituto del ramo, al que se atribuye cierto rigor científico que combate el escepticismo con que el improbable lector habrá acogido la noticia. ¿Doscientos bares menos entre nosotros? El paseo cotidiano se inclina por desmentir esa cifra, siempre que (atentos) se circunscriba a <strong>Logroño</strong>. Mejor dicho, a las calle del centro. Porque incluso, como alguna vez se ha comentado por aquí, de la periferia de la ciudad tiende a desaparecer en los últimos tiempos <strong>la figura del bar de barrio</strong>, el querido local de toda la vida, icono de su vecindario.</p>
<p>Ocurre que, mientras el fenómeno de la trasiega urbana de tragos y bocados sigue en auge, en el interior de La Rioja semejante costumbre tiende a declinar. De ahí esa mengua registrada en el apartado estadístico, que sin embargo se solapa con una trayectoria divergente: mientras cae el número de bares, no deja de subir el de <strong>restaurantes</strong>. Incluyendo ese híbrido tan de moda, el bar-restaurante o restaurante-bar, que uno nunca sabe. Una tipología triunfante, amparada en una razón de peso: que es donde la factura resulta más elevada, como también anota el <strong>INE</strong>. Y hablando de precios, su estudio se detiene en otro ámbito también muy esclarecedor: que <strong>el gasto de las familias</strong> en este capítulo también cotiza al alza. Natural que cada año se abran en La Rioja cuatro nuevos restaurantes, según el mentado informe. Pocos se me hacen.</p>
<p>A menudo, los árboles de las cifras impiden observar el conjunto del sector. Quienes auscultan diariamente su corazón habrán observado que las dificultades para sacar adelante el negocio que significa un bar nunca se detienen. Siempre acechan. Según mi pobre experiencia, llegar a fin de mes razonablemente al frente de un bar exige una mano de obra escasa (el típico negocio donde se emplea la familia con algún refuerzo coyuntural) y que el local donde se aloja el establecimiento lo sea en propiedad. De lo contrario, aparecen los problemas. Y amenaza el cierre, engrosando así los informes anuales del INE. Pero también es cierto que algunos bares no sólo sobreviven con los comprensibles apuros sino que mantienen un aspecto tan saludable que anima a preguntarse por la razón de su éxito. Que (de nuevo según mi humilde juicio), suele estar relacionada con una predisposición superior al sacrificio por parte de sus responsables o con una cuota adicional de talento. Lo de siempre en cada actividad de la vida.</p>
<p>Veamos dos casos que llegan a mi mesa.<strong> El Pasapoga de avenida de la Paz</strong>, que suele ofrecer un estupendo aspecto. Se ha reconvertido desde su condición de bar de barrio al estatus de casa de comidas, gracias a una gestión muy atinada que incluye una adecuada selección de vermús y vinos y una cocina de donde salen perfectas de punto unas cuantas gollerías, rellenando un hueco entre la potencial clientela que hasta ahora no había detectado el resto de su competencia albergada en el mismo barrio. Incluyendo su apreciado menú diario, tabla de salvación de tantos de sus hermanos. Segundo ejemplo,<strong> El Soldado de Tudelilla</strong>: bajo la sabia conducción de la maga <strong>Azucena</strong>, se ha transformado. A mejor. Mantiene las esencias del negocio que dejó Manolo con su jubilación (sus ensaladas memorables) pero añade una golosa sección de cocina en manos de <strong>Alejandra</strong>, que prepara unos guisos de cuchara muy recomendables (ojo a su sopa de ajo, manjar desaparecido casi de los menús logroñeses) y añade una envidiable habilidad para la cocina de casquería, que depara momentos gloriosos.</p>
<p>A estos dos casos se pueden añadir unos cuantos, que seguramente esquivarán las profecías más fúnebres empleando con tino los mismos ingredientes: predisposición máxima hacia el negocio, conocimiento de sus particularidades, un servicio eficaz y profesional y un innegociable olfato para calibrar las tendencias reinantes en ese sector y agregar además un suplemento adicional, un elemento distintivo. El sello diferencial que anime a sus feligreses a compartir su pasatiempo precisamente en ese bar y no en otro. Si prevalece su ejemplo, la próxima estadística del INE debería registrar que se invierte la actual trayectoria. Al menos, en el ombligo de Logroño. Porque para la periferia de la ciudad y, sobre todo, para los pueblos que se resignan a que desaparezca la vida que todo bar asegura, me temo que<strong> el 2020 entrante seguirá trayendo malas noticias</strong>.</p>
<p>P.D. Ezcaray es uno de los raros municipios de La Rioja interior que se resisten a verse consumidos bajo la marea que vacía el entorno rural. Un caso de éxito en sí mismo, muy vinculado al vigor de su oferta hotelera y hostelera. Que tiene al formidable <strong>Echaurren</strong> como bandera, cuya esplendorosa trayectoria viene a cuento para destacar lo antedicho. La extraordinaria capacidad de reinvención que caracteriza a algunos negocios. Casa de comidas tradicional, restaurante multipremiado, un hermano menor (pero no por eso menos atractivo: el sugerente El Cuartito) y su hotel, que dispone de una atractiva barra aledaña. Donde recostarse en los mullidos asientos al amor de la confortable chimenea y asomarse a los espléndidos ventanales mientras se apura el aperitivo o se disfruta del reparador cafelito con vistas a la estupenda iglesia. Una recomendación que cedo gratis para quien desee darse un homenaje en cualquier estación del año pero que me parece más útil si hay suerte y nieva: es entonces cuando la chimenea (y las vistas) cobran todo su sentido. Y ayuda a apurar en toda su esencia el gozo que significa ver pasar la vida alojado en un bar. Un momento inolvidable.</p>
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		<title>¿Perros en los bares?</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Mar 2016 11:50:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Hace un millón de años, me impresionó toparme en mis correrías por la <strong>calle Laurel</strong> con una parejita que intentaba ingresar en el Blanco y Negro con un enorme cochecito de niño. Me froté los ojos y comprobé que, en efecto, ese era su propósito: miré al interior del vehículo y comprobé que desde luego allí viajaba un bebé. Calculé que neonato o casi: miré estupefacto a sus padres, preguntándome qué tipo de progenitores considera adecuado para sus vástagos recién nacidos una incursión de ese calibre, en un bar atestado de humo y vapores de todo tipo. Yo, que me consideró tan <strong>logroñés</strong> y tan adicto a la Laurel como cualquiera, me hubiera tentado un poco la ropa antes de protagonizar una experiencia de ese tenor, pero luego he ido comprobando que, como sospechaba, me he quedado anticuado. Proliferan desde entonces los niños de pecho por la calle Laurel y los chiguitos en edades también muy tiernas: se veía venir que cualquier día compartiéramos espacio con el reino animal.</p>
<p>Ese día ha llegado. Nada tengo contra el mundo perruno, sino más bien a favor: sobre todo, con las especies más maltratadas por la vida. La vida perra. Me parece estupendo que cada cual adopte la mascota que prefiera y comparta con ella sus días. Hay quien incluso peregrina con <strong>su perro</strong> en la ronda habitual de <strong>chiquiteo</strong>, cosa que me llama la atención, aunque no tanto como cuando entras en el bar de confianza y te encuentras allí con la pareja: el perro y su dueño. O los perros y sus dueños, que de todo hay.</p>
<p>Como mi asombro iba en aumento y no conseguía discernir por mi cuenta si esa tendencia ya tan habitual contaba o no con el plácet legal, consulté con dos personas: una, el propietario de un castizo local logroñés cuyo nombre no citaré. Otra, <strong>un experto jurídico</strong>. El primero, el dueño del bar, me respondió que no tenía ni idea de si podía permitir la entrada de perros en sus bares, pero que se había impuesto la norma que sigue: “Si me lo piden con educación, les dejo. Pero también les aviso de que si empiezan a molestar a los clientes, a la calle”. Cosa que por cierto me aseguró que alguna vez había ocurrido.</p>
<p>Como se deduce, la hostelería no sabe muy bien cómo conducirse en estos casos. ¿Pueden los perros y otros animales de cuatro patas entrar en sus bares? El citado experto me sacó de dudas. La respuesta es muy clara. La respuesta es no. No pueden. Ni siquiera vale que al dueño de tal o cual garito no le moleste esa costumbre o incluso le guste: no puede tomar esa decisión por su cuenta. Debe aplicar la ley, igual que en otros apartados de su vida empresarial. Y el marco legal, como me advierte el mentado experto, es muy preciso.<strong> Artículo 6.2 del Real Decreto 3484/2000 de 29 de diciembre</strong>, por el que se establecen las normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas: “En los locales donde se realicen estas actividades, no se permitirá el contacto directo de los productos alimenticios con el suelo, ni la presencia de animales”.</p>
<p>Clarinete. Una<strong> ordenanza municipa</strong>l que regulara estas actividades no podría imponer un criterio distinto al fijado por un Real Decreto, documento de orden jurídico superior. Otra cosa es la fuerza de la costumbre en los usos hosteleros, cuestión que sin embargo no afecta a lo esencial: la obligación de cada bar de velar por la higiene de los alimentos que se consumen en un local y, en consecuencia, por la salud de los clientes, que debe ser su objetivo central. Si al dueño le gustan o le molestan los animales, es cosa distinta. El marco legal le prohíbe como se ve aceptar su entrada y eso no es negociable: pero como estamos en <strong>Logroño</strong>, paraíso de la doble fila y otras calamidades, también esta prohibición nos la saltaremos con el habitual desenfado.</p>
<p>P.D. Que esté prohibido entrar con la mascota en un bar no implica que no esté ocurriendo. Coincide además esta tendencia con una serie de movimientos de amigos de los animales, que promueven iniciativas en distintos puntos de <strong>España</strong> para que se les permita echar un trago con el perro al lado. Así lo evidencia la foto que ilustra estas líneas, tomada por <strong>El Periódico de Aragón,</strong> y otras referencias que se encuentran rastreando por internet. Que uno sepa, todavía no se conoce una pretensión similar por Logroño. Aunque todo llegará.</p>
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		<title>La invasión de las terrazas crecientes</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2015 08:07:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Gobernaba Logroño José Luis Bermejo allá a finales del siglo pasado. Quien esto escribe deambulaba por los corredores del Ayuntamiento buscando alguna noticia que llevar a la redacción cuando tropezó con un edil cariacontecido a la salida de una comisión, quien le entregó una cuartilla donde se condensaba el motivo de su queja: allí, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/moderno.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-493" title="Terraza del actual café Moderno, cuando se llamaba Oriental" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/moderno.jpg" alt="Terraza del actual café Moderno, cuando se llamaba Oriental" width="500" height="318" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/moderno.jpg 500w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/moderno-300x191.jpg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Gobernaba <strong>Logroño</strong> <strong>José Luis Bermejo</strong> allá a finales del siglo pasado. Quien esto escribe deambulaba por los corredores del <strong>Ayuntamiento</strong> buscando alguna noticia que llevar a la redacción cuando tropezó con un edil cariacontecido a la salida de una comisión, quien le entregó una cuartilla donde se condensaba el motivo de su queja: allí, dibujado con la pericia de un niño de cuatro años se contenía el <strong>despliegue de veladores</strong> de un céntrico bar de Logroño. Apenas un boceto con unas mesitas con sus sillas, diseminadas en el entorno del local: un croquis indispensable para contar con el permiso municipal, de modo que el Ayuntamiento pudiera enviar luego a sus inspectores a comprobar si, en efecto, la terraza veraniega se ajustaba al plan propuesto por el empresario y aprobado por la municipalidad. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">La causa de su desconsuelo era evidente: tanto el concejal como el periodista transitaban a diario por la zona donde se ubicaba aquel bar y podían comprobar que el dibujo no se correspondía con la realidad. El dueño del local había multiplicado por ene su propuesta, repartiendo mesas y sillas por donde le placía, invadiendo el espacio dedicado en teoría al peatón y molestando a los vecinos, así a los más cercanos como a los de enfrente: en la cumbre de su desparpajo, había cruzado la calzada y extendido sus dominios como le dio la gana. No era esta sin embargo la razón última del pesar que mostraba nuestro edil. Su escandalizada pena tenía que ver con lo que acababa de comprobar en comisión: que el Ayuntamiento se encogía de hombros. Los responsables de <strong>Urbanismo</strong> alegaban que si procedían contra este empresario debían hacerlo también contra la práctica totalidad de bares con terraza. No había inspectores suficientes para comprobarlo… ni ganas tampoco de ejecutar el indispensable celo municipal, puesto que acarreaba la necesidad de pisar algunos callos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/portales.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-492" title="Veladores en la calle Portales de Logroño" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/portales.jpg" alt="Veladores en la calle Portales de Logroño" width="640" height="436" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/portales.jpg 640w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/portales-300x204.jpg 300w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Pienso a menudo en aquella anécdota a la vista de cómo ha ido evolucionando este universo de las terrazas logroñesas. Y reparo sobre todo ahora en que colonizan el verano de nuestra ciudad, a partir de una foto que colgó en su cuenta de facebook el político <strong>Miguel González de Legarra</strong>. Al principio no la entendí y eso que nací a dos pasos de donde fue tomada: resulta que ‘eso’ es la calle Portales, a la altura de <strong>La Redonda</strong>. Y no: no es una instalación artística ni performance alguna. Se trata tan sólo de cómo ha desplegado a su alrededor un bar allí emplazado sus veladores. Obsérvese que, sumadas las sillas y mesas al resto de mobiliario urbano, apenas queda un triste pasillo para que transite el ciudadano. Nada que uno no vea también en otros rincones de la ciudad: hay calles donde el paseo se convierte en una carrera de obstáculos, entre terrazas, ciclistas, farolas que nadie pide, bancos que nadie usa y peatones que caminan a la logroñesa, es decir, pensando como Fraga que toda la calle es suya. Intente usted sortearlos: mala idea. Mejor haga como yo: cruce de acera…</span></p>
<p><span style="color: #000000;">… Y se la encontrará tomada por otra terraza, que se van extendiendo hasta el infinito y más allá. Uno, que ha sido cliente antiguo y tenaz de este acabado ejemplo de cómo un bar se convierte en fenómeno social donde ver y ser visto, entiende que el placer de disfrutar de un trago o un bocado al aire libre es una de las grandes conquistas de nuestro tiempo. Así que no tengo nada contra ellas, sino todo a favor; tampoco estas líneas deben leerse como un alegato contra el <strong>empresariado local de la hostelería</strong>, que bastante sufre con tener que hacer malabares para que le cuadren las cuentas cada día y que anda este fin de semana soliviantado, así que lo último que precisa es que le toquen las narices o la caja registradora. Pero no deja de sorprender la permisividad municipal con una moda que atenta contra las formas civilizadas de compartir el espacio público: esto de plantar la terraza donde a uno le apetezca, allá penas si molesta al resto de paisanos o de si cumple los requisitos del Ayuntamiento (o los impuestos por el puro sentido común) me parece una mala idea. A todos se nos puede acusar de conducta incívica en un momento cualquiera de nuestra trayectoria como ciudadanos. Pero entronizar este desprecio a los demás que significa la invasión de las terrazas crecientes me parece lo antedicho: mala idea. Una mala forma de ser logroñeses.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">P.D. La extensión exagerada de la terraza suele acarrear otros motivos de preocupación. Por ejemplo, la escandalosa (y peligrosa) altura que alcanzan las sillas cuando se recoge la terraza, que en algún caso llegan al primer piso del edificio colindante y han provocado ya algún siniestro, por fortuna menor. También ahí me parece que el Ayuntamiento mira hacia otro lado, al igual que se inhibe con esa funesta manía de arrastrar los veladores cuando se despliegan por el entorno de cada bar, a desprecio de la ordenanza municipal sobre ruidos. Aunque para ruido, la agradable sinfonía que se perpetra cada mañana, cuando se descorren los gigantescos candados que sujetan sillas y mesas y se dejan caer graciosamente al suelo. Ese sí que es el auténtico <strong>himno de Logroño</strong>.</span></p>
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		<title>Que viene Gallarza</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Oct 2014 16:13:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/10/gallarza.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-384" title="Hermosa vista de la calle Gallarza. Foto de Juan Marín" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/10/gallarza.jpg" alt="Hermosa vista de la calle Gallarza. Foto de Juan Marín" width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/10/gallarza.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/10/gallarza-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Ahora que reabre el <strong>Tívoli</strong>, parece llegada la hora de recordar que aunque siempre fue un bar incluido dentro de la ronda habitual por la <strong>Laurel</strong>, en realidad es en <strong>González Gallarza</strong> donde se cobija. Otra cosa es que, en efecto, se ofreciera como entrada, fielato y cabeza de puente para organizar el peregrinaje por la <strong>calle logroñesa</strong> más citada en este <strong>blog</strong>: el Tívoli se incorporó desde antaño en nuestro imaginario a la Laurel y vaya usted ahora a sostener lo contrario, frente a la evidencia de que su puerta principal daba como se ha comentado a Gallarza y el otro acceso, en pleno chaflán hacia <strong>Bretón de los Herreros.</strong> Ocurría, supongo, que la fama de la Laurel ejercía como un imán que atrapaba a los bares adscritos a su alrededor, cosa que sigue sucediendo: como hemos visto en otras entradas, hasta los bares de la vecina <strong>San Agustín</strong> forman parte de la asociación de la calle Laurel. Cualquier logroñés lo puede entender: nuestros trasiegos no siempre coinciden con el nomenclátor municipal.</p>
<p>Que el Tívoli se viera como un hito más en el itinerario de la Laurel obedecía también, supongo, a que en realidad la calle Gallarza, pese a ubicarse en el mismo ombligo logroñés, carece misteriosamente de atractivo para los bares. Mencione usted, improbable lector, algún local que recuerde en esta calle: yo casi desisto. Salvado sea el <strong>Niza</strong>, que también mereció nuestras atenciones tiempo atrás, y ese indeciso Tívoli que siempre pareció habitar en otra calle, hasta que <strong>Abadía</strong> abrió <strong>La Casa de los Quesos</strong> en la esquina donde se alzaba la barra del Carabanchel y desde hace unos meses también empezó a despachar vinos, la historia de esta calle se limita a ese exiguo racimo de bares. Lo cual me intriga y a la vez me permite vislumbrar un prometedor porvenir a muy corto plazo: bastaría con que algún intrépido hostelero se animara y añadiera su propio negocio al rosario que se inicia (repetimos) en el Tívoli, prosigue con ese paso de paloma que significan la <strong>Taberna del Tío Blas</strong> y <strong>La Tavina</strong>, alojados ambos en la esquina con Laurel; continúa con el mentado Niza y concluye (de momento) con el establecimiento de Abadía, con la duda de si admitimos el <strong>Noche y Día</strong> que hace esquina con <strong>Portales</strong>. Es sencillo imaginar que toda la mano izquierda según se viaja hacia la calle Portales admite nuevos usos hosteleros para los bajos allí ubicados; igual ocurre con los emplazados a la derecha nada más superar <strong>Hermanos Moroy</strong>.</p>
<p>Es un sueño y ya se sabe que soñar es gratis. Pero ingresados en el territorio de la utopía, cabe idear también un destino nuevo para González Gallarza que actualice la entrañable<strong> plaza de</strong> <strong>Abastos</strong>: esto es, incorporarla al circuito de bares según el exitoso modelo implantado en otras ciudades. Serviría de paso para insuflar algo de actividad a un mercado que llevo muy dentro del corazón (allá vendía los productos de la huerta familiar mi abuela Felisa) y que fue para muchos logroñeses de mi generación y de otras vecinas nuestro particular <strong>Corte Inglés</strong>. Desde hace demasiado tiempo, el mercado languidece. Cada ocurrencia municipal ha sido sólo eso: una ocurrencia que nunca trajo tiempos mejores. Más bien al contrario: tal vez sería mejor pedir a cada Corporación que se limitara a dejar la plaza tal y como la encontró…</p>
<p>Dicho lo cual, aprovechar sus coquetos espacios y su privilegiada sede en <strong>el Logroño de siempre</strong> parece una asignatura que casa bien con el mundo de la hostelería. Saborear un <strong>Rioja</strong> mientras alguna mano amiga allega desde <strong>Varea</strong> una ensalada de tomate o refrescar el gaznate acompañando el trago con alguno de los preciados embutidos que por allí se despachan… Encontrar sitio para una tertulia presidida por los vinos de la tierra, otorgar en definitiva una nueva vida a uno de los mejores edificios civiles de que dispone la ciudad y reanimar las calles circundantes… Ahí tenemos un estupendo plan de actuación: yo mismo me animaría a apoyar con mi voto al partido que se presentara con un programa donde incluyera un destino semejante para la plaza de Abastos.</p>
<p>P.D. Aunque en puridad tanto La Tavina como la Taberna del Tío Blas se alojan en la Laurel y sirven como espléndido acceso hacia la emblemática calle para vecinos y forasteros (nada que ver con la tristona imagen de apenas unos años atrás, como se aprecia en la imagen del compañero <strong>Juan Marín</strong>), ambos locales se abren también a la calle Gallarza, imprescindibles pasos de paloma para esa costumbre tan logroñesa: ver sin ser (demasiado) vistos. De paso, ayudan según me cuentan a que los miembros de una de nuestras cuadrillas más veteranas acaten la orden de sus médicos: puesto que el galeno les ha dicho aquello tan común del “el vino, fuera”, eso hacen nuestros hombres. El vino, en efecto, se lo toman fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Tus bares favoritos</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Sep 2014 08:23:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/bares-favoritos.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-372" title="bares-favoritos" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/bares-favoritos.jpg" alt="" width="600" height="600" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/bares-favoritos.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/bares-favoritos-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/bares-favoritos-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iba yo a tomar un vino por la calle Laurel cuando… Cuando de repente, de cháchara con los amigos, surgió un animado debate: cuál es <strong>nuestro bar favorito de Logroño.</strong> Como es lógico y muy saludable, no nos pusimos de acuerdo en absoluto, pero en aquella discusión germinó la idea de convertir esa controversia en una entrada de este blog: cuál es el bar favorito… de mis seguidores de <strong>facebook</strong>. Así que lancé la idea a una decena de ellos y aquí resumo lo que me contestan. Mi idea es seguir haciendo la misma pregunta al resto de seguidores. A todos, muchas gracias. Y a quienes se sumen espontáneamente, también muy agradecido.</p>
<p>Allá vamos. El amigo<strong> José Luis Alonso</strong> nos cuenta lo siguiente:  “Para tomar unas cervezas un jueves o viernes me gusta El Dorado y el Route 66 por ambiente, música y variedad/calidad de cervezas. Si el plan es tomar unos vinos y pinchos me gustan sobre todo La Tavina y Torres también por calidad y oferta además de iniciativas”. Y se confiesa: “Vamos, supongo que no seré muy “.</p>
<p>A caballo entre Logroño y Zaragoza, aquí llega<strong> Jorge Gascón</strong>: “Yo, que soy un casta, no renuncio al Sebas y al Soldado de Tudelilla. Fueraparte, el Bretón; y para el copeteo, siguen estando La Luna, El Dorado y el Stereo”. Otra confesión: “Me estoy dando cuenta que cuando voy a Logroño sólo voy de bares”. Y coda final: “Me sigue gustando ir a bares en los que conoces el nombre de pila del camarero”.</p>
<p>Con todos ustedes, la gran <strong>Noemí Iruzubieta</strong>: “De Logrono, el Single Rock y La Fama en la plaza del Mercado. De la Mayor el Menhir, el Iturza y la Jala. Para tomar algo a cualquier hora el Fax”. ¿Su favorito? “El Malabar, en Portales”.</p>
<p>Ahora, veamos qué opina el colega <strong>Rubén Vinagre</strong>: “Berlín en Bretón de los Herreros (Impagable la tortilla con bollo de las mañanas entre semana. Para las 12 ha volado. Buen precio y mejor conversación); Pasapoga, frente Escuela de Artes (renovado pero con el espíritu Logroño de Toda la Vida LTV); y La Tavina (pinchos singulares y vino en condiciones)”.</p>
<p><strong>Julia Baigorri</strong> ofrece un completo surtido de sus preferencias, por zonas geográficas y usos horarios: “Extrarradio: El embarcadero, en verano. Te sientas en la barandilla mirando al río al atardecer y se está de maravilla. No sé si ha sido cosa de suerte pero no he tenido problema con los mosquitos. En la Laurel, Taberna del tío Blas y su barra increíble y el Blanco y Negro con su bocatita de bacalao. Alternativos, que se dice ahora, La Retro: las chicas encantadoras y se está como en el salón de tu casa. Para el café de media mañana se estaba muy a gusto en el Millenium, pero tiene toda la pinta de que han cerrado; en invierno se está de gloria &#8216;cara al sol&#8217; (con perdón) en La Mercedes y los que más frecuento, por cercanía, son Rocío y As de Copas”.</p>
<p>Logroñés trasterrado, desde Madrid se pronuncia <strong>Guillermo Sáez</strong> en estos términos: 1) El Perchas: Cada vez que vuelvo a Logroño compruebo que el tsunami de donostización de la calle Laurel se ha tragado algún bar más. Por eso me reconforta tanto saber que se mantienen en pie sitios como el Perchas, donde solo hay un pincho (y maravilloso), banderines de fútbol de los años setenta y la radio cuelga de una cuerda en la pared. El día del Apocalipsis, me refugiaré en este bar incunable abrazado a una montaña de orejas rebozadas. 2) Maldeamores: soy de los que priorizan la música por encima de cualquier otro activo en un bar. Extinguido el ilustre Bossa Nova, el Menhir y el Maldeamores cogieron el testigo para respiro del puñado de raros que usamos más los oídos que los ojos en la jungla nocturna. Y además, tiene al mando a un fenómeno como Rafa, garante de larga vida a Los Planetas en Logroño”.</p>
<p><strong>Paco Pérez Abad</strong>, andarín, bloguero y parroquiano ilustre de Logroño, nos deja este recado: “Mis bares favoritos son el Morry, de la calle Galicia, y el Berlín, de Bretón de los Herreros. El Morry es nuestro centro de reunión de los amigos, buena cerveza, buena gente detrás de la barra, buena terraza&#8230; Un sitio muy agradable en definitiva. El Berlín: buen servicio, muy bien situado, hacen unos mojitos estupendos, ponen bien los gintonics, y la cerveza la sirven en vasos grandes a un buen precio. Citaré también el Villarreal, que a pesar de que son forofos del Real Madrid, en su terraza paso infinidad de tardes. Cerveza en copa de balón helada a buen precio, detalles del dueño con nosotros casi siempre, sitio muy agradable en pleno parque del Carmen”.</p>
<p>Y <strong>Cristina Garay</strong> me contesta así desde Italia, recientes aún sus andanzas logroñesas: “¿Mis bares favoritos de Logroño? ¡Tengo tantos! Pero una vuelta siempre me doy por el Baden y sus encantadoras navajas a la plancha, y por el Blanco y Negro con su ‘matrimonio’, aunque no me convezca demasiado el nombre…&#8221;</p>
<p>Turno para el compañero <strong>Toño del Río</strong>, quien nos cuenta lo que sigue: “En mi barrio, Mesón Alfonso, por sus extraordinarios morros a la brasa, su caña de cerveza (cremosa, no espumosa) y su respetuoso tratamiento al vino. Más lejos, Tastavin, una de las mejores barras de la ciudad y una carta de vinos sobresaliente.Y para tomar una copa, se marcha fuera de la capital hasta el Troika de Ezcaray, “tras cuya barra donde reina uno de los últimos grandes profesionales del ramo en la región”.</p>
<p>Y la décima aportación la firma la siempre gentil <strong>Vicky Pujades</strong>: “El Junco, de avenida de Portugal. Llevo más de 30 años yendo a ese bar que regentan Jesús (ahora un poco pachucho) y Chuchi. Empecé a frecuentarlo a mediados de los 80 con mis amigas, y ya cuando empecé a salir con Rubén, descubrí que su cuadrilla también era asidua. Todas las Nocheviejas desde hace 25 años (¡Madre mía, un cuarto de siglo!) es el lugar de reunión con todos los amigos antes de ir a cenar. Y siempre que salimos terminamos allí tomando una café, un zumo, un quemadillo, una copa… Y el Calderas de la Laurel es el otro. Lo descubrí hace escasamente dos años pero tiene unos bocatitas de calamares que quitan el ‘sentío´: será porque están hechos con harina de Cádiz…   Atienden tras la barra Conmar y su hija que se llama Macarena, aunque nosotros siempre decimos “Maca hija”, que es lo que su madre le dice: ¡Maca hija, dos de calamares!, ¡Maca hija, dos tintos!”.</p>
<p>P.D. Esta entrada es la primera de una serie que iré publicando de semana en semana, sin un ritmo fijo, incluyendo la propia lista del autor. Por cierto, que repasando la nómina de locales predilectos aquí recogidos, observo que no hay unanimidad, lo cual está muy bien. Y que sólo se repiten por duplicado los siguientes: <strong>Eldorado, Menhir, Berlín, Blanco y Negro</strong> y <strong>La Tavina</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Bares soñados por mí</title>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2014 07:44:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/05/granada.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-346" title="Taberna La Tana, en el corazón de Granada" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/05/granada.jpg" alt="Taberna La Tana, en el corazón de Granada" width="600" height="406" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/05/granada.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/05/granada-300x203.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>El otro día me ocurrió algo extraordinario en un bar. Llegué con un grupo de amigos y nos aventuramos a pedir un vino que ninguno de nosotros había probado hasta entonces. En vista de nuestros titubeos, la amable tabernera que nos atendía sacó una copa, derramó un poco de vino y nos regaló una sucinta pero esclarecedora explicación de sus características: variedades, sabor, aroma… Unos diez segundos. Le encargamos una botella y nos la bebimos asombrados por semejante detalle de cortesía.</p>
<p>No fue el único suceso prodigioso que sucedió esa noche en el mismo bar. Para trasegar la botella que nos bebíamos, el hermano de la camarera que defendía con ella la barra nos acercó un plato rebosante de tapas que ninguno le habíamos pedido: una rebanada de exquisito pan con tomate y un chorro de aceite por cabeza, acompañado de un generoso dado de tortilla. Como nos llevó un rato ‘conversar la botella’, hallazgo genial del escritor chileno <strong>Jorge Edwards</strong> que me apresuro a copiarle, de la barra salió mientras tanto otra jugosa oferta gastronómica: una fuente con su correspondiente dosis de panecillos con anchoas.</p>
<p>Se ve que la noche iba de milagro en milagro, porque nuestra siguiente parada acaeció en otro bar cercano y allí vivimos una maravilla similar. Pedimos nuestros vinos, ya a tiro hecho y por lo tanto sin degustación previa, y con la consumición los diligentes camareros de este segundo garito nos convidaron a una estupenda ración de albóndigas como tomate. No nos lo podíamos creer, pero insistimos por si era un sueño. Así que proseguimos ruta: cervecita en una terraza y platillo de aceitunas con media docena de tapitas, una caña (muy bien tirada por cierto) en un cuarto local llegó servida junto a una tostada de revuelto de trigueros y, mientras nos acomodábamos para picar algo en un quinto bar, el camarero nos sirvió la bebida junto a otras tapas de cortesía.</p>
<p>Lo juro. Juro por Baco y el patrón de los hosteleros que todo esto que cuento ocurrió tal cual la semana pasada. Ocurrió… en <strong>Granada</strong>. Ya lo advirtió en este mismo <strong>blog</strong> un <a href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/05/31/el-mapa-de-las-tapas-gratis/" target="_blank">corresponsal </a>hace unas cuantas entradas, cuando reflexionamos sobre la razón de que esa costumbre de invitar a la <a href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/05/07/guia-breve-de-tapas-gratis-de-logrono/" target="_blank">tapa gratis</a> no se haya implantado en <strong><a href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/04/30/el-misterio-de-la-tapa-gratis/" target="_blank">Logroño</a></strong>. Hubo algún comentario que se tomó a mal la idea que lancé pero en general el debate que se abrió entonces fue bastante templado, animado por las pistas que fueron dejando unos cuantos corresponsales: con ellas elaboró el admirado <strong>Diego Ortega</strong> un mapa de Logroño donde un reguero de bares demostraba que esa idea no era tan descabellada. Que otros bares son posibles.</p>
<p>Hoy, vuelvo de Granada asombrado. No he visto tanta generosidad en el sector de la hostelería en ningún otro punto de <strong>España</strong>. Y eso que he pisado unos cuantos. Y eso que hay ciudades donde ese detalle lleva tiempo implantado con extrema dadivosidad. Me cuentan que por Granada se puede de hecho almorzar (sí, almorzar) sólo a base de los pinchos y las cazuelitas con que obsequian los bares a su clientela. Bares, por cierto, rebosantes de público: una noche de miércoles la zona más típica de tapeo presentaba un aspecto muy animado. Imagino cómo estaría a esas horas la <strong>calle</strong> Laurel: la visité hace poco un lunes por la noche y tropecé con que gran parte de los bares estaban cerrados. Porque no va la gente, supongo que pensarán sus dueños. Aunque la ecuación se puede invertir: tal vez no va la gente por los bares están cerrados. De hecho, la noche del viernes ya era casi una locura transitar por los distintos itinerarios de bares granadinos. Y aunque no sé si existe una conexión entre esas dos imágenes (la tapa gratis, el bar rebosante), lo quería mencionar aquí. Por si acaso. Por dar alguna pista.</p>
<p>P.D. Por cierto, el vino a cuya degustación nos invitaron era granadino. Apenas unas semanas antes me acababa de enterar de que también elaboraban vino en aquella provincia, no en grandes cantidades, desde luego. A mí no me pareció gran cosa, un tinto demasiado potente para mi gusto educado en la elegante finura del <strong>Rioja</strong>. De modo que sigue siendo mi favorito.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Bares con nombre de mujer</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Mar 2014 18:32:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[A medida que avanza este blog, compruebo cómo ha ido recogiendo la vertiente femenina en nuestros bares. Cada día más. Igual que la mujer ha ido poblando escenarios en principio dominados por el sector masculino, también en nuestros garitos de confianza las chicas ocupan su espacio sin que a nadie le llame ya la atención, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/03/blog.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-296" title="Mosaico de fotos con camareras de Logroño. Obra de Diego Ortega, gracias al archivo de Diario LA RIOJA" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/03/blog.jpg" alt="Mosaico de fotos con camareras de Logroño. Obra de Diego Ortega, gracias al archivo de Diario LA RIOJA" width="800" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/03/blog.jpg 800w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/03/blog-300x150.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/03/blog-768x384.jpg 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p>A medida que avanza este <strong>blog</strong>, compruebo cómo ha ido recogiendo la vertiente femenina<strong> en nuestros bare</strong>s. Cada día más. Igual que <strong>la mujer</strong> ha ido poblando escenarios en principio dominados por el sector masculino, también en nuestros garitos de confianza las chicas ocupan su espacio sin que a nadie le llame ya la atención, demos gracias a Baco. Habrá que explicar a las generaciones menos talluditas que no siempre fue así; que antaño una mujer defendiendo una barra, como también sucedía al frente de otros negocios con exceso de testosterona, llamaba la atención y fomentaba las maledicencias. Igual que no podían abrir una cuenta en el banco sin permiso de su marido ni bajar a la mina ni fichar por el Ejército, las mujeres parecían tener vetado su ingreso en la hostelería.</p>
<p>Aunque es cierto que siempre fue un gremio más generoso con su presencia que el resto del paisaje laboral. Tal vez, porque como se trataba de negocios familiares en gran parte, el matriarcado quedaba entonces justificado. De modo que los logroñeses más veteranos sí que recordarán algunos ejemplos de mujeres trabajando en su bar, solas o en compañía de sus esposos, aunque preferentemente al mando de la cocina. Así ocurría en tantos y tantos casos. El <strong>Buenos Aires</strong>, con Carmen y Pilar faenando en los fogones aunque asomando poco en la barra, el <strong>Negresco</strong>, con María Luisa como sombra eterna de Luis Santos, el <strong>Jubera</strong>, también pródigo en explorar su lado femenino&#8230;</p>
<p>Pero un bar que incorporarse a su plantilla, sin mediar vínculo familiar alguno, a una mujer como camarera… Un bar que eligiera a una mujer en vez de un hombre para atender su barra… Antaño no era algo tan frecuente como hoy. <strong>Eduardo Gómez</strong> siempre me recuerda el caso del extinto <strong>Bahía</strong> de Marqués de Vallejo, pionero en contratación de <strong>barwoman</strong>. Con el paso del tiempo, las mujeres se fueron haciendo fuertes al frente de sus negocios, demostraron que los prejuicios son sólo eso, lamentables mentecatadas, y floreció una primera gran promoción de camareras logroñesas que allá a finales de los 80 empezó a desempeñar su oficio en el escenario entonces más bullicioso de la ciudad: <strong>los bares de la Zona</strong>. Poniendo copas a deshoras, aguantando al mirón de guardia y las impertinencias de rigor, aquellas muchachas que hoy peinarán alguna cana se licenciaron como maestras en un oficio que exige buen ojo para catalogar al cliente, mano izquierda para despachar la consumición y entrega casi total, porque ya se sabe que en esta profesión los horarios casi no existen. Virtudes todas ellas que la mujer suele acreditar en igual (o mayor) medida que un hombre.</p>
<p>Así que las chicas triunfaron. Y siguen triunfando. Entro en <strong>Vinissimo</strong> y confirmo esta apreciación, paso por <strong>La Travesía</strong> y me sucede algo parecido, no digamos si paro en el <strong>Donosti</strong> de la Laurel. Añada el improbable lector cuantos ejemplos conozca y comprobará que son legión las barras donde las mujeres dominan.  Y mientras voy reflexionando sobre esta evolución tan halagüeña en el universo de nuestros bares, desemboco en una carambola: resulta que mañana es el <strong>Día de la Mujer Trabajadora,</strong> valga la redundancia. Juro que no lo tenía en cuenta mientras semanas atrás repasaba la dichosa lista de bares donde alguna vez me atendió una mujer a quien no he olvidado y pienso que tan feliz coincidencia merece dedicar estas líneas a ellas. A todas las mujeres que uno ha ido conociendo en<strong> los bares de Logroño</strong>, a los dos lados de la barra.</p>
<p>P.D. Si tengo que elegir la primera camarera que me impresionó como cliente aún barbilampiño, yo confieso: fue Julia, la entonces propietaria de <strong>El Soldado de Tudelilla</strong> cuando el bar aún se alojaba en la calle Laurel. Aquella dama, a quien veo de vez en cuando por Logroño sobrellevando con airoso garbo la jubilación, me sirvió un inolvidable bocadillo de aceitunas que hubiera hecho feliz a Dalí. Puro surrealismo. Y sin salir del confesionario, lo admito: la camarera que conquistó el corazón de los logroñeses de mi quinta fue  María Luisa, icono de <strong>La Universidad</strong>. Derrochaba estilo, clase y elegancia: como si Elizabeth Taylor hubiera fichado por la calle Laurel.</p>
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		<title>Riojanos de bares por Madrid</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jan 2014 09:24:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/museo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-271" title="Entrada al bar Museo del Jamón, en Madrid" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/museo.jpg" alt="Entrada al bar Museo del Jamón, en Madrid" width="600" height="473" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/museo.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/museo-300x237.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>La anterior entrada dedicada a <strong>Madrid y sus bares</strong> derivó en una interesante aportación de los lectores del <strong>blog</strong>, cuyas sugerencias sirven para dibujar una especie de mapa de bares madrileños que los riojanos tenemos entre nuestros  predilectos a la hora de acodarnos en sus barras y aposentarnos en sus veladores. De ahí que ahora prosiga por el mismo camino: de paso, incorporo otras referencias que quedaron olvidadas en la anterior entrada.</p>
<p>Por ejemplo, sus cafés. Los míticos <strong>cafés de Madrid</strong>, con el <strong>Gijón</strong> como emblema de aquel pasado tan rico que hoy apenas sostienen este garito y el <strong>Comercial de la Glorieta de Bilbao</strong>. Del resto (<strong>Pombo</strong> y sus hermanos), no queda ni el polvo que regó sus mesas en la larga noche del siglo XX. Una pena, porque en los dos supervivientes se obra el milagro de imaginar cómo fue aquel tiempo en que los parroquianos vivían (literalmente) en el café, útil para refugiarse de la intemperie y entregarse a la gran afición española: la charla, también llamada tertulia. Pero la lista de garitos madrileños donde uno también se siente como en casa es todavía más larga: incluye <strong>cervecerías</strong> como la <strong>Alemana</strong> de la <strong>plaza Santa Ana</strong> o tabernas como <strong>La Venencia</strong>, bar de difícil catalogación. Ubicada en el Madrid castizo (<strong>calle de Echegaray</strong>), la Venencia parece una suerte de local amish, como si sus dueños desconfiaran de todo cuanto sucedió de 1970 a esta parte: allí el tiempo se paró más o menos por esa época, de modo que franquear su puerta supone ingresar en el mundo de los bares que conocieron nuestros abuelos. De paso, la parroquia se entera de qué cosas no les gustan a los propietarios: no les gustan las fotos, ni las cervezas (tampoco los refrescos) ni las propinas. Sí les gusta seguir anotando con tiza la cuenta sobre la barra de madera y servir los vinos andaluces que  monopolizan su oferta a precios comedidos. Cerca de la Venencia, anoto otros bares fetén y castizos que me han tenido alguna vez como cliente: <strong>Viva Madrid</strong> y <strong>La Trucha</strong>.</p>
<p>Seguimos ruta, pero lo hacemos a bordo de las sugerencias dejadas aquí por los corresponsales del blog. Mónica Orduña apunta el <strong>Jurucha</strong> de la <strong>calle Ayala</strong>, que yo desconocía hasta que una expedición reciente al foro me ha permitido salvar ese error. Le agradezco el consejo: es un bar de Madrid, en efecto, de los de toda la vida. En esa misma zona del <strong>barrio de Salamanca</strong>, César Cantabrana registra otros locales: <strong>Casa Poli, El Lago de Sanabria, Sakuskiya</strong>…  Y luego toma carrerilla y despliega su sabiduría por toda la ciudad: <strong>Alarcia</strong> de la <strong>plaza Salvador Dalí</strong>, <strong>Riaño</strong>, <strong>Palacio del Vermú</strong> (los dos en <strong>Cea Bermúdez)</strong>, el <strong>Cantábrico</strong> de la <strong>calle Padilla</strong>, el <strong>Txangurro</strong> de <strong>Doctor Fleming</strong>, la <strong>Cruz Blanca</strong> de <strong>Goya</strong> esquina a <strong>Alcalá</strong>…</p>
<p><strong>Guillermo Sáez</strong>, actual vecino de la Glorieta de Bilbao, aporta sus propias preferencias de esa zona: <strong>Las Nieves, Las Hoces del Duratón</strong> y <strong>La Fábula</strong>. También recuerda un reportaje publicado en <strong>Diario LA RIOJA</strong> por <strong>Teri Sáenz</strong> contando las hazañas de otro garito cañí, el <strong>Casa Julio</strong> de la <strong>calle Madera,</strong> cuyas croquetas cautivaron a los mismísimos <strong>U2</strong>. No es extraño: sus propietarios provienen de La Rioja, de modo que son gente diestra en el manejo de los fogones. Y la gentil compañera Noemí Iruzubieta nos recuerda un descubrimiento en <strong>La Latina</strong>: el <strong>Museo de La Radio</strong>.  Concluyo este itinerario improvisado con la recomendación que nos deja Víctor Rubio, glosando las grandezas de <strong>Casa Ciriaco,</strong> el favorito de Tierno Galván y Julio Camba.</p>
<p>Son sólo unos ejemplos seleccionados de las miles de opciones que depara Madrid a cualquier aficionado a eso de trasegar en buena compañía. Hay muchísimas más, como es obvio: empezando por uno de mis favoritos, el <strong>Museo del Jamón,</strong> cuya fachada me sirve para ilustrar estas líneas. Porque en locales como éste se depositan las virtudes de tanto bar anónimo.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/rotos.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-272" title="Bar Los Rotos, en la calle Infantas de Madrid" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/rotos.jpg" alt="Bar Los Rotos, en la calle Infantas de Madrid" width="600" height="448" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/rotos.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/rotos-300x224.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>P.D. Hablando de bares, de riojanos y de Madrid, es de justicia recordar que también hay garitos que cumplen esas tres exigencias. Son riojanos, son bares y están en Madrid: el bar del <strong>Centro Riojano</strong>, por ejemplo, de gran éxito en su sede de la <strong>calle Serrano</strong>. O las franquicias que bajo dos advocaciones (<strong>Drunken Duck</strong> o <strong>Los Rotos,</strong> cuyo local de la calle <strong>Infantas</strong> aquí aparece) ha abierto el gran <strong>Alfonso Soldevilla</strong> en la capital del Reino. O el local que están a punto de inaugurar la gente del <strong>Porto Vecchio</strong> en la <strong>calle Orense</strong>.  Seguro que habrá unos cuanto más como ellos, pero uno tiene sus limitaciones: no conoce todas esas pequeñas embajadas de la patria riojana cuya irresistible oferta compite con las grandes ligas de la hostelería madrileña.</p>
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		<title>Dejad que los bares se acerquen a mí</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 16:28:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[La burocracia tiene razones que el corazón no entiende. Bueno, hay cosas que no entiende uno ni poniendo a funcionar su humilde cabecita. Por ejemplo, desde antaño yo he renunciado a comprender en nombre de qué argumento no puede abrirse un bar allí donde a su promotor le pete. Por qué tiene que pedir permiso, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/10/bar-Tivoli.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-246" title="Imagen del bar Tívoli, por gentileza de Vicky Pujades" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/10/bar-Tivoli.jpg" alt="Imagen del bar Tívoli, por gentileza de Vicky Pujades" width="600" height="896" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/10/bar-Tivoli.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/10/bar-Tivoli-201x300.jpg 201w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>La burocracia tiene razones que el corazón no entiende. Bueno, hay cosas que no entiende uno ni poniendo a funcionar su humilde cabecita. Por ejemplo, desde antaño yo he renunciado a comprender en nombre de qué argumento no puede abrirse un <strong>bar</strong> allí donde a su promotor le pete. Por qué tiene que pedir permiso, a qué instancia le interesa saber si lo abre al lado de otro, enfrente o donde no haya ninguno. Renuncio también a entender la razón de que tal desatino opere sólo en el universo hostelero; a cuento de qué no se extiende esta política al gremio de las mercerías, al sector de las panificadoras o al rubro de las agencias de viaje.</p>
<p>Entro en materia: desde hace tiempo se pregona desde el <strong>Ayuntamiento logroñés</strong> la suspensión de la ordenanza que hasta ahora exige en ciertos rincones de Logroño mantener una distancia prefijada entre bar y bar. Como nuestra particular serpiente del Lago Ness, este anuncio aparece, se oculta, rebrota y vuelve a esconderse, en función de extraños equilibrios políticos. Según vengo deduciendo de las peculiares conductas de Gobierno local y oposición en torno a este particular, se trata de no molestar a nadie, táctica que asegura siempre justo lo contrario: se acaba por molestar a todo el mundo. Al consumidor, por ejemplo, del que nadie suele acordarse en estas disquisiciones. O a la libre competencia, otro elemento que debiera ser de obligado cumplimiento para las administraciones todas.</p>
<p>La polémica es vieja. Tan vieja que da hasta pereza volver sobre ella. Y muy absurda: incluso las últimas normas llegadas de Bruselas y Madrid consideran una antigualla la ordenanza municipal, propia de tiempos más proteccionistas. <strong>Javier Campos</strong>, colega en esta casa que nos acoge a ambos, se ha pronunciado sobre ella en su blog <a href="n (http://blogs.larioja.com/nanay/2013/10/18/distancias-entre-bares-como-la-ue-manda/)" target="_blank">Nanay </a>de Logroño. Dejo aquí el enlace porque aporta información a estas líneas que son más bien una queja. Una queja doliente y sorprendida, dirigida a quién sabe quién y resumida en este ruego: por favor, dejad que los bares vengan a mí.</p>
<p>Porque cuando las ordenanzas se retuercen hasta casi estrangularlas, cuando se pretende que la normativa desafíe el sentido común para que se adapte a las contingencias políticas, el resultado suele desembocar en el absurdo. Hay que ir con la cinta métrica por <strong>Logroño</strong> para ver si el local donde este caballero pretende abrir su garito (el cielo ayude a este valiente) se sitúa o no a la distancia adecuada respecto a la puerta de servicio de aquel otro bar cercano, al que tal vez incluso le pudiera interesar su vecindad. Como quiera que sobre este asunto gravita también el hecho curioso de que hay <strong>dos asociaciones</strong> que representen al sector en Logroño, la confusión está garantizada. Y reina por lo tanto el sinsentido: ronda por ahí algún empresario que incluso en estos tiempos sombríos parece decidido a abrir su negocio hostelero pero choca contra el muro de la burocracia. Así que acabo donde empecé: aceptando que ignoro qué poderosas razones han justificado y justifican este atentado contra la lógica. Y que confesando que me choca sobremanera que sea un Gobierno local amigo (en teoría) de la libertad de empresa el que ampare esta sinrazón.</p>
<p>P.D. La controversia sobre la distancia entre bares se acaba de avivar porque se atisba<strong> la reapertura del Tívoli,</strong> suceso que acogí con tanta ilusión… como desconsuelo ahora que se anuncia que tal vez no: que tal vez la mentada normativa impida que se ejecuten los planes de esos intrépidos empresarios dispuestos a arriesgar sus inversiones con un proyecto que yo agradezco  muy sinceramente. Porque pocos bares habré frecuentado más. Porque pocos bares llevo grapados con tanta fuerza a este corazón tan logroñés, como atestigua esta  entrada antigua de el <a href=" https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/24/42/. S" target="_blank">blog</a>. Sería una  lástima que el Tivoli (que ilumina estas líneas gracias a una foto cedida por la amiga <strong>Vicky Pujades)</strong> tropezara con la ridícula burocracia; entre otras cosas, porque ingresar en<strong> el Logroño antiguo</strong> por esa aduana de muy castizo sabor nos permitiría saldar nuestra deuda con tantos disparates urbanísticos por allí perpetrados.</p>
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