Sin rodeos. Probablemente seré de los pocos españoles a los que la declaración de la renta les haya salido a pagar. Sueldazo el suyo, pensarán… Sueldazo o mala aplicación del concepto de igualdad y progresividad introducido en los pilares constitucionales de nuestro sistema tributario. Más bien esto último les diría yo…
Tras todo un ejercicio pensando que la empresa me aplicaba una retención equivocada, el borrador de Hacienda ha venido a darme la razón: «Su descuento por IRPF no era el adecuado», me vienen a decir por carta… «se quedaba corto», leo antes de caer de espaldas.
Justo, equitativo y solidario. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Todo lo que se le presupone al modelo fiscal se queda en papel mojado, especialmente en lo que a las rentas de trabajo se refiere.
La progresividad significa o debería significar que cuanto más ganas, más impuestos pagas… Sin embargo, he aquí la paradoja, en la práctica y en este país nuestro de nombre España no es así.
La aplicación del mismo tipo impositivo al trabajador que gana 30.000 euros anuales que al que gana mas de 50.000 no sólo atenta contra esos principios sino que te lleva a dudar del tan cacareado Estado de Derecho…
Lejos de quedarse ahí, la perversión recaudatoria puede provocar casos de contribuyentes que, aún ganando menos, dispongan de más dinero a final de mes. O de curritos a los que, pese a subirles el sueldo, pueden llegar a cobrar un ‘neto’ menor que antes del deseado aumento.
Si te resistes a hipotecarte de por vida o no crees oportuno abrirte un plan de pensiones con 30 años sabiendo que como poco te quedan otros tantos cotizando no tendrás derechos a deducciones y encima resultarás penalizado doblemente….
¿Loco? Puede ser, pero por tonto no paso. Tras años de injusticia, señores, no-pa-so.