Permítanme que insista aún a riesgo de repetirme, pero es que dos semanas después continúo dándole vueltas a lo sucedido el 22-M. Que más del 20% de los votos emitidos por los logroñeses se hayan quedado en el limbo sin verse reflejados en representación alguna debería ser motivo de análisis y, sobre todo, de modificación de un sistema que hoy más que nunca se antoja injusto.
Y digo hoy porque ya una semana antes de acudir a las urnas una parte del electorado, el denominado movimiento 15M, ponía en tela de juicio el propio funcionamiento de la democracia haciéndose eco directamente de las tradicionales reivindicaciones de reforma de la ley electoral para que todos los votos valgan lo mismo independientemente de la opción que se elija.
Como ciudadanos no deberíamos dejar pasar que hasta cuatro formaciones se hayan quedado sin concejal en el Ayuntamiento por no haber alcanzado el mínimo exigido del 5% de los votos para ser tenidos en cuenta a la hora del reparto. No solo es preocupante, que lo es y mucho, es que ni siquiera parece democrático. ¿Soluciones? No solo hay una, pero de entrada algunas se antojan más sencillas que otras.
La aplicación del método D’Hondt daría el mismo resultado sin alterar el ganador que un sistema proporcional puro siempre y cuando no se exigiesen mínimos. Así, en casos como Logroño, el bipartidismo de PP-PSOE daría paso a una Corporación con hasta seis partidos. El PP, con sus votos, descendería de 17 a 14 concejales pero mantendría su mayoría absoluta; el PSOE perdería uno, pasando de 10 a 9; y UPyD, IU, PR y Ciudadanos de Logroño lograrían un edil. Justo lo que hemos elegido… Lo demás, pese a poder resultar paradójico, sí que son las cuentas de la lechera.