¿Que el Ayuntamiento de Logroño estuvo abonando mil euros mensuales más de lo establecido en el contrato firmado en el 2008 para la prestación de servicios de gabinete de prensa y comunicación de Logroño Turismo? Y qué. ¿Que el Ayuntamiento de Logroño pagó 69.000 euros por cuatro esculturas que casi tres años después aún no sabemos dónde están? Y qué. ¿Que el Ayuntamiento de Logroño encargó unas señales por otro tanto antes incluso de ser adjudicadas y ni sepamos si se entregaron o no todas? Y qué. ¿Que el Ayuntamiento de Logroño se gastó 200.000 euros en 17 estructuras de aluminio con lonas microperforadas exteriores decoradas con motivos turísticos y de promoción que más de cuatro años después nunca más se ha sabido de ellas? Y qué.
Aquí nunca pasa nada, señores. Solo así se ‘come’ que después de tanta supuesta irregularidad denunciada en la Administración local durante las dos últimas legislaturas nadie haya dimitido, nadie se haya sentado en un banquillo y, visto lo visto, nadie lo vaya a hacer. Me decían el otro día a cuento del escándalo de Logroño Turismo que una cosa es tener la razón y otra que te la dé el juez. Mal vamos, dije yo. Y me imagino que así pensará la mayoría de los vecinos de una capital que comienza a acostumbrarse a esas idas y vecinas de dinero salido de las arcas municipales sin que, repito, aquí pase nada. Y eso por no hablar de los sobrecostes, esos que en casos como en las obras de Gran Vía o el polideportivo de Lobete ascendieron a 13 millones de euros. ¡y ¡aquí no pasa nada, señores! Mención aparte merecen las últimas informaciones desveladas en torno a la construcción del Hospital San Pedro. Nadie se va, todos siguen… nadie asume responsabilidades, ¿nadie tiene vergüenza?