Estos días ha estado alterado el gallinero futbolístico, incluso se llegó a hablar de una posible huelga de clubs de fútbol, aunque luego se sustituyó por una entrevista de presidentes –Florentino incluido- con gobernantes y parlamentarios. El detonante de la situación ha sido la posible derogación de la llamada Ley Beckham, que permite a los extranjeros que trabajan en España, futbolistas incluidos, y que ganan más de 600.000 euros al año, cotizar a un tipo del 25%, en vez del 43% al que cotizan los españoles.
Parece razonable la derogación, pero el asunto tiene su busilis. Los clubs se quejan porque, al hacer los contratos de sus figuras en dinero neto, tendrán que pagar más en impuestos y no podrán hacer tan buenos fichajes. Si no hacen esos fichajes carísimos, las televisiones pagarán menos dinero, se recaudará menos en marketing y taquilla y se pagarán menos impuestos; y la cadena que origina el dinero hace dudar de que, con la derogación de la ley Beckham, Hacienda acabe recaudando más dinero. Lo que sí se conseguiría es que
Ante la dudosa eficacia de la justa derogación, la pregunta es: ¿Por qué el Gobierno se mete en líos innecesarios, sabiendo que el pueblo aguanta casi todo, menos que le toquen el fútbol? La respuesta es sencilla: porque el Bloque Nacionalista Gallego e Izquierda Unida, sus posibles socios, se lo exigen para darle su apoyo –ya se sabe que, cuando la izquierda no hace sus deberes, se embarca en operaciones de imagen que le hagan parecer lo que debía haber sido y no es-. Y la gente, que no es tonta, razona: si la izquierda quiere que todos los ricos paguen lo que les corresponde, ¿por qué permiten que las SICAV, que es donde dicen que se refugian las grandes fortunas, coticen al 1% en el impuesto de sociedades? -No ha sido error, no, es al 1%-. Estas SICAV, además de la exención del impuesto de transmisiones patrimoniales, integran sus beneficios en la base imponible al 18%. Como se ve, es bastante menos que ese 43% que quieren hacer pagar, con razón, a los clubs por los ricos futbolistas extranjeros.
Extraña que pidan cambiar una ley, con dudoso beneficio, y dejen que siga ese vericueto legal por el que se pierde tanta recaudación de impuestos. O quizá no extraña, porque ya se sabe que unos están para pagar el pato, y otros para andar montados en el burrito. Porque Hacienda somos todos, pero unos más que otros.
“ALONSO CHÁVARRI”