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La plazuela perdida

EL RAPTO DE EUROPA

 

         Las personas de mi generación, las que cruzamos con nuestra adolescencia los últimos estertores del franquismo, aquella adolescencia de mirada gacha y pasito corto, como de perro sin amo en el aguadojo, siempre habíamos creído que los vientos de Europa eran vientos más amables, como más amables nos parecían aquellas exuberantes europeas, que llegaban con los primeros bikinis en busca del sol mediterráneo; y los libertos paisajes, allende los Pirineos, se nos antojaban arcadias felices y salvación del espíritu. Igual que los trenes de nuestra juventud, en aquella primera y dudosa transición, tras la muerte del dictador, llevaban los vagones llenos de avidez, intelectual y no tanto, hacia los cines de Biarritz o Perpignan, donde podían verse las películas: “La naranja mecánica”, “El último tango en París” o “El imperio de los sentidos”, aquí prohibidas mientras se porfiaba por liquidar los anacrónicos restos de la infausta censura. Entonces, para muchos españoles, Europa, sí, era un sueño y una aspiración.

         Pasó el tiempo inclemente, que coloca a cada cual en su sitio, y disolvió los sueños, devolviendo a su leve condición la ruda y diferente realidad. Las nórdicas perdieron su halo de valkirias deseadas, a la vez que perdían a Olof Palme; los franceses del “siempre nos quedará París” muestran su cara más arcaica, embarcándose en pendencias callejeras por los matrimonios homosexuales y haciéndonos olvidar que fueron el país del asilo; los alemanes parecen haber descubierto el cuero negro y el látigo, del ama dominante y de la estricta gobernanta, y hacen temblar las economías de los países periféricos, como antaño hicieron temblar con su paso de la oca, su raza aria, sus “panzer de la muerte” y sus hornos crematorios la solidaridad entre los hombres; y Britania, como siempre, ajena a casi todo, conduce por la izquierda, sigue con su libra esterlina y continúa discutiendo si forma parte  o no de Europa; mientras, Gibraltar, Luxemburgo, Suiza, etc., se resisten a dejar el paraíso, aunque sea fiscal, y sumirse en el purgatorio o en el infierno en el que penamos los demás.

         Sí, Europa se nos rompe entre las manos. Esta Europa no es la que antes soñábamos, de vientos amables y libertad del alma; esta Europa es otra más oscura, menos abierta y solidaria, más cainita. Aquella a la que aspirábamos nos la han cambiado, nos la han robado, nos la han raptado. Se ha consumado el rapto de Europa.

                                                                           “ALONSO CHÁVARRI”

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Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI

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