Las noticias sobre la corrupción política, y los efectos colaterales que genera, no nos hacen disminuir el desaliento que últimamente nos invade. Ahora se confirma la noticia de las cuentas de la familia Pujol-Ferrusola en paraísos fiscales; sólo queda la duda de la cantidad ocultada. El propio Jordi Pujol pide perdón y reconoce cuatro millones de euros, procedentes, según él, de una herencia opaca, pero ya un diario nacional alertó de que podrían ser más de cien millones de euros; incluso otros investigadores, según los medios, elevan la cantidad a más de seiscientos millones de euros, lo cual, si fuera cierto, elevaría a cien mil millones de las antiguas pesetas la cantidad oculta. La pregunta sería obvia: ¿de dónde procede esta barbaridad de dinero? Nos viene e la memoria aquella frase, que levantó ampollas e indignados en el parlamento catalán, dicha por el entonces alcalde de Barcelona: “Convergencia tiene un problema, que es el tres por ciento”. Esta semana pasada, se leía en la prensa que CiU se quedaba con “el cuatro por ciento de cada obra o servicio que concedía a empresas privadas” ¿Procede de ahí la fortuna de los Pujol? En cualquier caso, se han hartado de mentir a votantes y ciudadanos. Claro que eso de mentir, en política, tiene bula y, si no, que se lo pregunten a otros. ¿Para cuando una ley que obligue a dimitir y considere delito a quien mienta haciendo promesas electorales o ejerciendo la política? ¿Hay mentiroso más ruin que aquel que promete algo a todos los ciudadanos, sabiendo que no lo va a cumplir? La ciudadanía está harta del trato que se les da a los corruptos, a los que o no les ocurre nada o dilatan y dilatan sus casos. ¿Cómo es posible que una entidad bancaria nos cueste a los españoles doce mil millones de euros –suponemos, siendo bien pensados, que por una pésima administración- y no haya todavía nadie en la cárcel? Tenemos la sensación de que no hay interés, en la clase política, por que la situación cambie. Los populares siguen a lo suyo, con la tijera de recortar bien aguzada y con el afán recaudatorio exacerbado, aunque dejen a la clase media como un solar; y los socialistas, por la impresión que da su nuevo secretario general y sus conversaciones con barones y baronesas, parecen que quieren cambiar algo para que todo siga igual – por cierto, aunque sólo sea estéticamente, no parece muy apropiado que el nuevo secretario general haya estado relacionado con Bankia, ni que quiera a Griñan y Chaves en el comité federal, estando la juez Alaya queriéndolos imputar-.
En fin, parece que los principales partidos se siguen empeñando en hacer la campaña a PODEMOS. A poco que los muchachos de Pablo Iglesias moderen sus propuestas más extremistas, como la de no pagar la deuda y alguna otra de ese cariz, ganaran las próximas elecciones, aunque no lo deseen, porque los demás les están dando la razón. La ciudadanía está harta; ya no quiere lo malo conocido, que siempre coloca en el mismo lugar el peso muerto: sobre las espaldas de trabajadores y pequeños contribuyentes. Es una cruz muy pesada. Y nuestros hombros no son tan resistentes, ni nuestro amor tan ilimitado, como en Jesús, camino del Gólgota.
“ALONSO CHÁVARRI”