Mi amiga Filo está indignada, dice que no le salen las cuentas del Estado y tampoco las suyas. Cuenta que antes llegaba sin problemas a fin de mes y que, ahora, tiene que sacar de lo vivo, que es lo que más le duele. Igual que le ocurre al Estado, aunque éste tenga la máquina de hacer dinero y pueda recurrir a la deuda, sin duelo, que con pólvora del rey se dispara muy bien. Mi amiga se queja de que todo sube menos su sueldo –no he dicho que Filo es funcionaria y lleva cinco años con su sueldo congelado, después de habérselo bajado un cinco por ciento-. Hoy, mi amiga Filo está desatada con el recibo de la luz, dice que ya está bien de que nos engañen, que para qué nos miente el ministro del ramo, diciendo que con los cambios bajará el recibo de la luz, si sube un once por ciento, que nos toman por tontos. Yo le digo, por animarla más que por convencimiento, que otros están peor, que hay muchos pensionistas con la pensión quasi-congelada y teniendo que alimentar a hijos y a nietos en paro, pero ella, erre que erre, -no tengo contado que Filomena es buena persona, pero un poco tozolonera, de las que, cuando se les mete una cosa entre ceja y ceja, no la dejan y siguen y siguen…- dice que están haciendo un pan como unas hostias, que, antes, nuestros gobernantes hacían ciertas cosas con disimulo, pero que ahora ya no les importa hacerlo a cara descubierta, que lo mismo bajan los impuestos a quienes más ganan, que cargan los recortes en la mayoría silenciosa y no pudiente, que suben un ochenta y cuatro por ciento el dinero destinado a los partidos políticos, que…. Yo, al ver que comienza a desbarrar, le digo que ella, al menos, puede echar mano de sus ahorros, que otros tienen que comer en comedores sociales, pero no me deja continuar hablando y la emprende con los presupuestos generales del Estado, con que la deuda pública ha pasado del 100 % del PIB, que es una vergüenza y que ella lo arreglaba en dos patadas, que no hay más que suprimir el Senado, hacer desaparecer a miles de asesores y empresas públicas, eliminar las diputaciones y otros organismos sin misiones esenciales, quitar las subvenciones a partidos, sindicatos y patronal –dice que es el colmo dar dinero a la patronal, como si no tuvieran bastante y que, sin dinero, los sindicatos y los partidos volverían a ser libres de verdad-, dejar de hacer obras en calles y plazas que se arreglaron hace cuatro días, olvidarse de la alta velocidad, que nadie se explica que España esté a la cabeza de Europa en trenes veloces, aunque ella se lo explica muy bien, que mejor harían bajando el IBI lo que han bajado los pisos, que luego se quejan de que la basca vota a PODEMOS, que se pueden meter por donde les quepa…; y entonces empieza a hablar deprisa y ya no sé lo que dice. Sí, mejor no oír los disparates que salen por su boca, porque ya he dicho que Filomena es un poco bruta y se ciega con facilidad, aunque, eso sí, es buena persona. Y no le salen sus cuentas, que antes sí le salían. Las del Estado tampoco le salen, pero esas no le salen nunca a casi nadie.
“ALONSO CHÁVARRI”