Iglesia de Santa María de Cameros en una imagen tomada hace un par de años. /Foto: Javier Ezquerro
Las sierras de La Rioja están plagadas de pueblos abandonados que no hace mucho tiempo exhibían todavía la pujanza de su economía ganadera. Un buen ejemplo lo tenemos en Santa María de Cameros, en el valle del Río Leza, puro Camero Viejo. Encajonada en un valle secundario, próxima a San Román, sufrió la epidemia de la despoblación en la segunda mitad del siglo pasado, como muchas otras aldeas cercanas. Hoy ofrece un atractivo misterioso al visitante que se acerca a su derruido caserío. La iglesia es el edificio que mejor ha sobrevivido al paso del tiempo y se yergue todavía poderosa como queriendo conservar el orgullo de una población que fue mucho más vigorosa en otros tiempos. De las casas, poco se puede decir. Apenas si queda alguna que no haya sucumbido presa de la ruina y de los matojos.
Al pueblo se puede acceder directamente desde una pista procedente de la carretera que surca el valle del Leza, aunque un recorrido más atractivo es el que accede a Santa María procedente del valle situado inmediatamente más al sur y una vez cruzado el término conocido como Cumbrero. Esta última ruta, que sigue un tramo del sendero GR-93, asciende entre un robledal antes de coronar y proseguir por un hayedo que desciende hacia la parte más occidental de Santa María. Se cruzan unos bancales abandonados y progresivamente va aflorando el casco urbano, que llega a infundir el respeto de un cementerio. Llegado al punto culminante donde se alza la iglesia, se pueden contemplar unas buenas vistas de todo el barranco de Santa María. Desde el fondo del valle, ya de vuelta a San Román, el vertice del pueblo recuerda a la quilla de un barco hundiéndose en el mar.