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Javier Ezquerro

Ruta de escape

Gigantes entre los valles del Leza, Jubera y Cidacos

Imagen del cordal sur de la Alpujarra riojana, que separa los valles del Jubera y el Cidacos. /Foto: Javier Ezquerro

Si uno tuviera que hacerse una imagen mental después de una excursión por los montes en los que confluyen las cuencas de los ríos Leza, Cidacos y Jubera, en la parte más suroriental del Cámero Viejo, lo primero que aparecería son molinos de viento. Territorio alejado de las principales rutas turísticas y no turísticas de La Rioja, este periodista se acercó recientemente a la zona, entre otros motivos, para comprobar el grado de conexión de estos tres valles que creía alejados del mundanal ruido.

El viejo proyecto de los años 80 de abrir una vía de comunicación entre el Leza y el Cidacos dentro de aquella iniciativa que se denominó ‘carretera intervalles’ no ha llegado a ser una realidad, pero la abundancia de pistas, preferentemente practicables con vehículos todoterreno, permiten hoy una conexión fluida entre las tres cuencas. Entre los municipios de Hornillos, Larriba, Zarzosa, Munilla y Robres del Castillo se puede completar un recorrido en el que la referencia ineludible son los grandes molinos generadores de energía eólica. El skyline (que dirían los americanos) de la Alpujarra riojana y las cumbres cercanas del monte Atalaya ha quedado dominado por estos gigantes modernos, responsables en buena medida de que se hayan abierto decenas de nuevas pistas de tierra.

Quien se aventure por estas cimas no tardará en apreciar los contrastes entre los grandes generadores eólicos y un mundo rural extinguido o en decadencia, al que únicamente aportan vida el turismo rural, las segundas residencias, algo de caza y alguna actividad ganadera o artesana. Los ejemplos abundan. Aldeas pérdidas y abandonadas como La Santa, San Vicente, Antoñanzas o Oliván son testigos mudos de un pasado pastoril desaparecido. Sobre ellas se alzan imponentes molinos que cortan el viento generando un susurro que resulta casi amenazador. No hay más que acercarse hasta la torre vigía del Nido Cuervo o la ermita de Santa Ana para verificar la nueva realidad que se ha instalado en esta parte de nuestras sierras.

Alejados ya de los estos grandes colosos que desafían al mismo Eolo es posible disfrutar aún de las estampas serranas. Uno se puede acercar a Hornillos de Cameros y sentarse a charlar un rato con algún pastor, deambular por el robledal cercano o subirse hasta el monte Atalaya para disfrutar de grandes panorámicas del Camero Viejo y la Alpujarra. El descenso hacia Zarzosa entre bosques demanda una parada en el bonito enclave de la ermita de Canalejas y ya en Munilla uno puede pararse a degustar una comida en el Casino o tomarse un café o un refresco al sol en la tienda El Moral. Si sale la conversación le hablarán de ciervos, de furtivos, de ganado y de calles de adoquines que necesitan más cuidado.

Siguen tres imágenes del cordal de la Alpujarra riojana visto desde el Nido Cuervo, casas ruinosas en La Santa y la tienda del Moral en Munilla.


Impresiones, fotografías y rutas de mis escapadas por rincones de La Rioja.

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