El Cabeza Parda y el San Lorenzo asomándose al valle del río Cárdenas en una imagen tomada desde el collado de las Saleguillas. Foto: Javier Ezquerro
El capítulo que con toda justicia dedicábamos al Rajao en un post anterior para hablar del otoño en La Rioja fue resultado de la excursión que proponemos a continuación, la subida a la cumbre principal de los Pancrudos, de 2.079 metros de altitud. A la hora de escribir estas líneas tendrá ya nieve en su cumbre, pero todavía quedan días para realizar una bonita excursión, a poder ser pronto, antes de que el colorido de los hayedos del valle del río Tobía se apague definitivamente para recibir al invierno. La ruta también se puede realizar con nieve, pero entonces habrá que tomar más precauciones, especialmente en los fuertes repechos del final.
Hay que advertir primero que el recorrido del que hablamos es una trabajosa subida, con un breve descanso al llegar al collado de las Saleguillas, en el que se salvan casi 1.100 metros de desnivel en unos seis kilómetros. Nuestra andadura puede comenzar en el aparcamiento situado aguas arriba del área recreativa del Rajao, justo donde una señal impide avanzar más con el vehículo. Antes de llegar hasta este punto ya se habrá maravillado por los imponentes hayedos que jalonan el arroyo que surca el valle. Una vez iniciada la marcha, siguiendo la pista que se interna todavía más por el barranco, tendrá oportunidad de contemplar más de cerca este tesoro natural, impregnarse de su frescura y escuchar como se precipita el arroyo entre las rocas y la hojarasca. Así hasta que se acaba el camino en una zona conocida como Tres Aguas. Habrá llegado ya al fondo del valle, una especie de circo forestal en el que convergen las vertientes de las montañas que alimentan el río Tobía.
A nuestra derecha queda ahora el final de otra pista que serpentea algo más alta y se aprecia lo que parece ser un antiguo camino que se interna en el hayedo por el margen izquierdo de otro barranco. Es el acceso a la segunda parte de nuestra ruta, que discurre ahora dentro del bosque por completo. La pendiente se agudiza más mientras surcamos una tupida masa vegetal con hayas de buen porte que se estiran hacia el cielo para buscar la luz. Nuestros pasos siguen a ratos pequeños mojones de piedra colocados por otros senderistas de la montaña. Verá también acebos y alguna seta, si es temporada, mientras asciende siguiendo el barranco hasta llegar a una zona de piedras sueltas, brezos y algún pino. Lo recomendable en este punto es caminar sobre las piedras, aunque le cueste algún pequeño resbalón. Resulta incómodo pero todavía lo es más internarse entre el enmarañado brezal. Le costará unos minutos antes de asomarse a otra pista, que en este punto coincide con un tramo del sendero GR-93.1, el que une Valvanera con Ezcaray.
Estamos ahora a algo más de 1.600 metros de altitud y las vistas del valle del río Tobía son gloriosas. Verá el hayedo en toda su extensión ocupando las vertientes que miran al norte mientras que los pinares ocupan las áreas más soleadas. Si es otoño, el contraste de colores le dejará estupefacto mientras hacia el horizonte divisa las cumbres del Serradero y el barranco del río Roñas encerrado entre las cumbres del San Cristobal y la Agenzana. Hacia el noreste, el valle del Ebro en toda su extensión. Caminamos ahora por la pista en un breve paseo que nos lleva hasta el collado de las Saleguillas, con la empinada cumbre de Los Randos (1.779 metros) mirándonos de frente.
El collado nos abre enseguida una ventana a otro de los valles más emblemáticos de La Rioja, el del río Cárdenas, que se estira hacia el norte hasta abrirse en el mismo sitio donde se fundaron los monasterios de Suso y Yuso. Y desde aquí verá también las montañas más altas de la región, el Cabeza Parda (2.116 metros de altitud), más cerca, y el San Lorenzo (2.217 metros), algo más al sur, que le robarán la mirada sin compasión, dejándole boquiabierto durante unos segundos. Bellas estampas montañeras que, si asciende en otoño, conllevan un premio especial: bosquetes aquí y allá jugando a ver quien luce los colores más vistosos. Le aseguro que si lleva cámara no dejará de disparar durante un rato.
Cerrado el breve paréntesis para extasiarnos con las grandes panorámicas, enfilamos hacia el sur, hacia una mole enorme de perfil redondeado que parece desafiarnos. Son las primeras rampas del Pancrudo, que empezamos a patear entre puestos camuflados de cazadores que se suben hasta el collado a probar suerte durante la época del paso de la paloma torcaz. En mi ascensión me topé con una cuadrilla, algunos de la vasca Vergara, que le pegaban al almuerzo a falta de palomas. Agradecerles desde estas líneas al trago (de agua) que ofrecieron a este cronista.
Con los parapetos de la caza ya a nuestras espaldas, nuestra ascensión sigue por una senda entre la vegetación hasta alcanzar la base de otro repecho, más pronunciado si cabe. Estamos ya casi al final de nuestro recorrido, se huele la cumbre, pero no acaba de asomar, mientras caminamos por unas faldas cubiertas únicamente por una rala vegetación, la que permite este enclave cubierto por la nieve y azotado por vendavales buena parte del año. Un último empujón y coronamos. Nos lo anuncia un mojón de piedras que marca la cima. De nuevo las grandes vistas. Se toca casi el San Lorenzo y su pareja, el Cabeza Parda; se perfila con la mirada todo el cordal de la Demanda; se adivina el monasterio de Valvanera allí abajo; el barranco del Calamantío se precipita escondido hacia el Najerilla; asoman las peñas de Urbión hacia Soria y los contrafuertes de la sierra de Cantabria hacia Álava… Sin palabras.
Punto de partida: Aparcamiento aguas arriba del área recreativa de El Rajao, en el valle del Río Tobía. Una señal indica el final del tramo de pista abierto a vehículos.
Desnivel: Casi 1.100 metros. La pendiente es elevada en todo el recorrido, pero especialmente en el último tramo, desde el collado de las Saleguillas hasta la cumbre.
Época recomendada: Otoño, especialmente, y final de la primavera. El valle del río Tobía es famoso por sus grandes e impresionantes hayedos, que presentan una gran belleza estética a finales de octubre y principios de noviembre.
Localidad más próxima: Tobía es la última población antes de internarse en el valle del río Tobía. Está a unos 9 kilómetros del punto donde aparcamos nuestro vehículo. No hay restaurantes pero sí el Bar Deli, donde podrá tomar un refresco o comerse un pincho a la sombra de las peñas de conglomerado calizo que cobijan al municipio.
Enlace de la ruta para descargar: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1270039
Y ahora van las fotos que tiré. No cuesta nada nombrar al autor si las utiliza.