No hay estación como el otoño para disfrutar plenamente de la montaña riojana. Hablábamos unas líneas más abajo de la explosión de color de los hayedos, del espectáculo sonoro de la berrea, de la recolección de las endrinas para elaborar el pacharán… Ahora toca hablar de las setas porque son ya muchas las que han empezado a asomar tras las primeras, aunque aún escasas, lluvias de la temporada. Así lo hemos podido comprobar un grupo de amigos durante este fin de semana en las sierras de Cameros y lo confirman también otros conocidos que me envían imágenes desde la Demanda.
Aunque la floración otoñal no ha hecho más que empezar, en los prados se dejan ver ya champiñones y senderuelas, mientras que lepiotas y cuprinos reservan su espacio en cunetas y linderos de caminos. Níscalos, todavía pocos. Más esquivo y escondido, el rey de los hongos, el gran boletus, ha hecho también su aparición entre pinares y hayedos. El edulis es todo un trofeo para el aficionado y un manjar para quien tiene el placer de degustarlo. Me acuerdo aquí del amigo Abraham, agraciado hoy con el gran premio de la jornada, un boletus de notables proporciones, pero también de los excelentes hongos que cenamos el sábado en el Hostal Cameros, de El Rasillo.
Encebollados y con unas cucharadas de foie, los boletus son puro delicatessen, un manjar que se deshace en el paladar impregnándolo con las esencias de la tierra. Si se prefiere algo menos sofisticado y más rápido uno puede optar por cocinarse unas lepiotas rebozadas con huevo y aderezadas con ajo y perejil o por unos champiñones a la plancha con unas gotitas de aceite de oliva y también ajetes y perejil.
Lo dicho, campos y montes riojanos son un placer para los sentidos en estas fechas.


De arriba hacia abajo: Boletus cogido en la Demanda y níscalos, cuprinus y macrolepiota recolectados en los Cameros.