Como en todo en la vida, las series se abordan como a cada uno le va bien. Pero hay tipologías de espectador en las que se incluyen la mayoría de los visionadores de series. Aunque lo dicho, cada espectador es un mundo. En cualquier caso, veamos.
En primer lugar, están los pacientes o espectadores de sangre fría. Se caracterizan por seguir las series tal y como ordena la emisión televisiva. De hecho, no es que no tengan ganas de que llegue el siguiente capítulo sino que, con un estilo casi masoca, gozan con esa espera semanal que existe entre uno y otro capítulo. Su particular elección tiene la ventaja de que están al día de las series, con lo cual pueden comentar prácticamente la actualidad de las mismas. Pero esto tiene la desventaja, especialmente para otros tipos de espectadores, de que se convierten muchas veces sin desearlo en destripadores de tramas por obra y gracia de los aterradores comentarios ‘spoilers’.
Una segunda clase de espectadores es la contraria a los pacientes: son los histéricos o frikis nerviosos. Son aquellos que no aguantan la espera de la emisión habitual, sino todo lo contrari. Por eso, se vuelcan en visionar los capítulos en otro idioma y con subtítulos con tal de no perderse el hilo de la historia. Son capaces de pegarse un fin de semana entero viendo media temporada en español y otra media en inglés con subtítulos en japonés con tal de estar al tanto de su serie favorita. Ni que decir tiene que los ‘spoilers’ que estos individuos pueden provocar sentimientos homicidas en un visionador tradicional.
Como si fuera una fórmula magistral entre las dos modalidades anteriores, ha surgido (gracias a la multiplicidad de series y a Internet) una categoría intermedia, con unas características muy concretas y peculiares: son los frikis tranquilos. Son personas (entre las que me incluyo) que tienen un aguante sobrehumano para no ver, ni oír, ni leer, ni comentar nada sobre la serie que les interesa hasta que tienen la oportunidad de ‘poseerla’ entera y luego pueden decidir cuándo verla y cuántos episodios disfrutar cada vez.
Está claro que esta última actitud tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Una de las ventajas es la que decíamos arriba. Uno se desprende de la esclavitud del horario (y de los cortes publicitarios por añadidura) para elegir el cuándo y si ver un solo capítulo o pegarse un buen atracón. Si bien es cierto que las ventajas son muy ponderables, existen multitud de inconvenientes. El principal es que nunca se puede estar al día de las series de moda. Así, puede ocurrir que veas una serie que ya ha visto todo el mundo y que ya se ha hartado de comentar, por lo que para cuando la hayas visto tú, la gente te mire raro, como diciendo ‘¿Ahora vienes con esas?’. Otra de las desventajas más descorazonadoras es que no puedas evitar enterarte de lo que ocurre en la serie antes de que tú tengas la oportunidad de tragártela entera, gracias a la inestimable colaboración de blogs, medios y expertos seriéfilos que nos rodean.
Sin embargo, el poder de decisión que ofrece este tipo de visionado de series nos permite también escoger si seguir un ritmo razonable o pegarnos un atracón considerable. Porque, al final, decidir es poder. ¿De qué tipo sois vosotros? ¿Os gusta aguantar los nervios o preferís empacharos con una serie a borbotones?