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Nuria Alonso

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‘Boss’, un adiós prematuro con doble pérdida

Dos temporadas aguantó esta serie protagonizada por Kelsey Grammer, que se ponía en la piel de un maquiavélico alcalde de Chicago con una enfermedad neurodegenerativa

Kelsey Grammer, en una foto promocional de ‘Boss’.

Se da por hecho que en la vorágine de series que vivimos si una no da el campanazo de forma inmediata o genera una buena corte de seguidores durante la exhibición de los primeros capítulos, se cancela sin más miramientos. En ese ritmo es innegable que hay joyas que se pierden en el marasmo de mediocridades que ofrecen muchas producciones a discreción.

Algo así le tuvo que suceder en su día a ‘Boss’una producción excelente. Sin más etiquetas. Dos temporadas (entre el 2011 y 2012) aguantó esta serie que estaba avalada por la inabarcable presencia de Kelsey Grammer, el inolvidable Frasier, en un registro de villano protagonista, poco habitual en la carrera del actor.

El que fuera parte del mítico bar de ‘Cheers’ se metía en ‘Boss’ en la piel del maquiavélico alcalde de Chicago, Tom Kane, que destrozaba a todo aquel que obstaculizaba sus planes. Sin embargo, un condicionante se escapaba del control del terrible mandatario: una enfermedad neurodegenerativa que empieza a hacer mella en su capacidad de decisión y que sólo con una agresiva medicación es capaz de mantener a raya. Eso, arrinconando a su esposa (una estupenda, como siempre, Connie Nielsen) e hija (Hannah Ware), que viven en el desconocimiento completo de lo que le sucede a su ser querido.

Rodeado de un par de asesores de altura, como Kathleen Robertson o Martin Donovan, Kane va tirando del carro municipal mientras acogota a sus contrincantes políticos (y también a sus afines) con grandes dosis de cinismo, mala uva y pocos (o ningún) reparos. La crítica apreció esta historia con un par de Globos de Oro, pero no obtuvo el respaldo de la audiencia americana (la que manda) y Starz decidió suspender la emisión tras la segunda temporada.

La cancelación del drama político fue tan fulminante que no permitió ni siquiera que concluyera la trama del personaje central; bastante previsible por cierto, dado el carácter incurable de la dolencia que padecía. Pero además, privó a los seguidores de disfrutar de otro de los personajes más presentes en la producción (que firmaban, por cierto, nombres como Gus Van Sant o el propio Grammer): la ciudad de Chicago. Una pena por partida doble.

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Sobre el autor

Es periodista de Diario LA RIOJA desde el 2004. Ha cubierto información local, deportiva y cultural. En la actualidad es editora de la sección de Culturas y Sociedad y Edición.


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