René Barbier, viticultor del Priorato (Clos Mogador), fue una de las figuras destacadas del X Foro del Vino que organizó el viernes el Club de Marketing en una jornada dedicada con énfasis al ‘terroir’, a la esencia de los vinos, en un momento precisamente en que varias voces en Rioja piden cambios legislativos para apoyar a estos productores comprometidos con la tierra y con la diferenciación de los vinos.
Barbier es uno de los ‘locos’ que convirtió a finales de los ochenta una de las comarcas más pobres del país en una fábrica de sueños de pequeños viticultores bodegueros. Es bisnieto de un bodeguero francés que recaló en Priorato tras la filoxera, Leon Barbier, y nieto e hijo de René Barbier, que fundaron una bodega con su nombre en Priorato pero que acabó en manos de Freixenet en la década de los ochenta.
Paradójicamente, y pese a que la tradición viticultora de su familia se pierde en la historia, René nunca pudo utilizar su nombre: «Me imaginé un sitio, coincidí con gente apasionada y todos decidimos hablar del Priorat, quizás porque yo no podía hablar de mí mismo», bromeó.
Barbier explicó que alrededor del 9% de los vinos que se venden pueden considerarse ‘caros’ y que todos ellos se vinculan con el ‘terroir’, pero Rioja «por sus propias características» podría llegar hasta el 20%: «La apuesta por el ‘terroir’ haría a Rioja vender más vino y más caro». El bodeguero recordó que en Francia «hay una corriente de jóvenes que están haciendo una nueva revolución, y en Priorato, también tenemos jóvenes que están mejorando lo que nosotros hicimos». «En Rioja –añadió–, existe una gran calidad de vinos, grandes viñedos y grandes vendedores; sólo hay que creérselo y ver al resto como compañeros en lugar de como competencia».
Palabras francas de un bodeguero que conoce Rioja a la perfección –trabajó en Palacios Remondo– y que, a la espera de que el Consejo Regulador decida si se plantea o no el desarrollo de vinos de pueblo, tiene claro su consejo desde la experiencia: «En Priorato lo hicimos; desarrollamos los vinos de vila y los vinos de pago; aunque no de forma perfecta, pero dimos el paso». «Hoy tenemos vinos baratos y vinos caros –añadió–, pero el más barato del Priorat se vende a seis euros».